Los consumidores peruanos tendrán una nueva herramienta para decidir qué compran. El Instituto Nacional de Calidad (Inacal) aprobó la cuarta edición de la Norma Técnica Peruana NTP 209.652:2025 “Alimentos Envasados. Etiquetado Nutricional”, que establece criterios renovados para que la información en los envases sea más clara y estandarizada. La norma no solo define cómo se declaran el valor energético, proteínas, carbohidratos, azúcares totales, grasas totales, grasas saturadas y sodio, sino que también contempla la inclusión de vitaminas y minerales cuando existan recomendaciones oficiales o cuando la autoridad competente los considere relevantes.

Para Jessica Huamán, nutricionista y exdecana del Colegio de Nutricionistas, esta actualización refuerza el derecho del consumidor a conocer qué contiene realmente un producto, aunque advierte que debe ser parte de una estrategia más amplia. "Es un paso porque garantiza que la población pueda identificar cuáles son los nutrientes que podrían tener los productos", señaló Huamán. La especialista también resaltó que la información nutricional debería aparecer en todos los productos que correspondan, incluidos los importados o elaborados por pequeños fabricantes. "Es un derecho del consumidor poder saber qué es lo que está consumiendo", sostuvo.

La nueva norma establece que la información nutricional deberá presentarse en tablas de fácil lectura, aunque cuando las dimensiones del envase no lo permitan, los datos podrán colocarse de manera lineal. Los valores podrán expresarse por 100 gramos, 100 mililitros, por porción o por envase, lo que busca facilitar la comparación entre productos similares. Además, se incorporan mecanismos para verificar que lo declarado por los fabricantes corresponda con el contenido real del alimento, mediante márgenes de tolerancia entre los valores consignados en la etiqueta y los resultados de los análisis técnicos.

Los expertos subrayan que, aunque la norma es un avance, se necesita una estrategia integral que incluya educación alimentaria y políticas públicas para abordar problemas de malnutrición en Perú. El contexto es preocupante: durante 2025 la anemia afectó al 34,9% de los niños de 6 a 35 meses, una cifra que refleja la urgencia de medidas complementarias.

Durante 2025 la anemia afectó al 34,9% de los niños de 6 a 35 meses

La actualización de la norma técnica busca estandarizar y hacer más comprensible la información nutricional que reciben los consumidores al momento de comprar un producto, un paso que Huamán considera clave para enfrentar los problemas de nutrición que persisten en el país.

Huamán advierte que el problema de la anemia requiere una mirada distinta a la discusión sobre los alimentos ultraprocesados. La anemia más frecuente en el país es la anemia ferropénica, relacionada con una deficiencia de hierro. La especialista explicó que existen productos que resaltan en su presentación determinadas características, como ser altos en fibra o estar elaborados con determinados alimentos, pero cuya información posterior puede resultar insuficiente para que el comprador conozca su verdadera composición.

La tabla nutricional permite conocer la composición del producto, mientras que los octógonos de advertencia ubicados en la parte frontal alertan sobre determinados nutrientes críticos cuando estos superan los parámetros establecidos por la normativa. Por ello, Huamán considera que la actualización de la tabla nutricional debería complementarse con un fortalecimiento del etiquetado frontal. "Para que se pueda reforzar la prevención del sobrepeso y la obesidad, podría reforzarse el etiquetado frontal", explicó.

La nutricionista plantea, por ejemplo, evaluar advertencias adicionales relacionadas con la presencia de edulcorantes y determinados aditivos alimentarios, tomando como referencia las medidas adoptadas en otros países. La especialista también considera necesario ampliar la discusión sobre algunos aditivos alimentarios y la forma en que estos son identificados por los consumidores.

¿La nueva norma ayudará a reducir la obesidad? La respuesta, según Huamán, es que por sí sola no será suficiente. Una etiqueta más clara puede facilitar decisiones de compra informadas, pero la prevención del sobrepeso y la obesidad requiere además educación alimentaria, acceso a alimentos saludables y políticas públicas sostenidas. El desafío es particularmente importante en un país que enfrenta simultáneamente problemas de anemia, desnutrición, sobrepeso, obesidad e inseguridad alimentaria.

Durante 2025, según las cifras citadas por Huamán, la anemia afectó al 34,9% de los niños de 6 a 35 meses, mientras que la desnutrición crónica alcanzó al 12,1% de los menores de cinco años. A ello se suma que el 30,5% de la población peruana experimentó inseguridad alimentaria moderada o grave. "Hay que entender que la nutrición no puede continuar siendo abordada únicamente mediante campañas temporales", sostuvo la especialista.

Los programas de complementación alimentaria también deberían contar con más nutricionistas, según la especialista. Plantea ampliar su presencia en comedores populares, ollas comunes, Vaso de Leche y otros programas de complementación alimentaria, especialmente desde los gobiernos locales. Su participación permitiría mejorar la utilización de los alimentos entregados por el Estado, fortalecer la educación nutricional y contribuir al control de la calidad de los productos destinados a las poblaciones beneficiarias.

En el ámbito escolar, la exdecana considera que los nutricionistas deberían formar parte de la comunidad educativa de manera permanente, junto con otros profesionales que ya tienen presencia en los colegios. Entre sus funciones estaría realizar el seguimiento del estado nutricional de los estudiantes mediante evaluaciones antropométricas, desarrollar educación alimentaria, contribuir a mejorar la oferta de alimentos en quioscos y comedores y capacitar a padres de familia y docentes. "Es necesario que los nutricionistas sean considerados parte de la comunidad educativa", sostuvo.

Huamán también cuestionó que los programas alimentarios puedan ser modificados o reestructurados con cada nueva gestión y planteó que la alimentación escolar debe contar con objetivos nutricionales claros, además de garantizar el acceso a alimentos. "Perú es uno de los pocos países en Latinoamérica que no tiene una ley de alimentación escolar", señaló. Para la especialista, el país necesita una política nacional de alimentación escolar que trascienda a los gobiernos de turno, y el programa debe establecer un vínculo más directo con los agricultores y productores locales, de modo que los escolares puedan acceder a una mayor cantidad de alimentos frescos y naturales. Como referencia mencionó el modelo brasileño, donde los programas de alimentación escolar mantienen una relación más estrecha con los productores agrícolas.

Respecto a la anemia, la especialista considera necesario fortalecer la promoción del consumo de alimentos naturales con alto contenido de este mineral, especialmente aquellos de origen animal, como vísceras y sangrecita. Sin embargo, la alimentación no explica por sí sola la persistencia de la anemia. También intervienen factores como el acceso a agua segura, la suplementación con hierro, la educación de las madres y las condiciones socioeconómicas de las familias. Por ello, las políticas contra la anemia requieren intervenciones simultáneas desde salud, educación, alimentación, saneamiento y protección social.

El impacto de la nueva norma de etiquetado no se agota en que la tabla nutricional aparezca correctamente impresa en el envase. Para Huamán, el reto implica educación alimentaria, fiscalización, acceso a alimentos saludables y políticas públicas que atiendan las causas estructurales de la anemia, la desnutrición, el sobrepeso y la inseguridad alimentaria. En esa línea, sostiene que fortalecer el trabajo de los nutricionistas no es solo una reivindicación profesional: su participación permitiría mejorar la capacidad del Estado para intervenir en colegios, programas sociales, establecimientos de salud y gobiernos locales.

La especialista recomienda que los consumidores no se limiten a revisar la parte frontal del envase. Uno de los primeros elementos que deben observarse es la lista de ingredientes, que aparece en orden decreciente según su cantidad en el producto: si el azúcar figura entre los primeros, significa que está presente en una proporción importante. También sugiere revisar los octógonos de advertencia y la tabla nutricional antes de elegir un producto.

En el caso de los niños, plantea priorizar alimentos naturales y evitar el consumo frecuente de productos con gran cantidad de aditivos, colorantes y otros componentes propios de los altamente procesados. Esta recomendación cobra especial importancia durante los primeros años de vida, etapa en la que se forman hábitos alimentarios y se produce una parte fundamental del desarrollo infantil.

La actualización de la norma representa un avance en materia de información al consumidor, pero su impacto dependerá de que las personas puedan comprender y utilizar esos datos. En un país que mantiene cifras importantes de malnutrición, la nueva etiqueta puede convertirse en una herramienta útil, aunque la lucha contra los problemas nutricionales requiere mucho más que saber leer un envase.

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