Pasan los días y la promesa sigue sin cumplirse. Del 28 de julio al domingo siguiente, del domingo al miércoles y del miércoles a no se sabe cuándo: los plazos se amplían, los temas no se tratan y el Consejo de Ministros todavía no le da luz verde a la solicitud de facultades legislativas. Y se suponía que los asuntos de la lucha contra la delincuencia y del fenómeno de El Niño eran para ayer.
Tal vez eso sea lo que quiere el Gobierno: evitar más fugas de información desde el Consejo de Ministros (¿o de los Viceministros?), enfriar las cosas y tomar distancia de todos los trascendidos y las críticas adelantadas que abundaron la semana pasada y que fueron alimentadas por la filtración de las intenciones y los proyectos del Ejecutivo. De esta manera, también, se disimula de alguna forma el retroceso que pueda darse en algunos de los temas que pensaban apuntalarse.
La agenda ya cambió. Hoy hablamos de la visita del papa, de los alcaldes que le sacan la vuelta a la ley para reelegirse, del nuevo jefe de la Sunat, de la Comisión de Ética y del Consejo de Ministros, que sigue sin aprobar las facultades solicitadas.
Los temas más complicados, los que generaron una rápida andanada de críticas por parte de la oposición y sobre los que el Ejecutivo salió a hacer un control de daños, estaban directamente relacionados con el mundo laboral (medidas para flexibilizar la relación laboral, la posibilidad de despidos o invitaciones a la renuncia voluntaria, la eliminación de algunos días feriados, entre otros), temas que son los que más preocupan a una buena parte de la población.
LEA TAMBIÉN: Plantas procesadoras de oro en la mira del Minem: la propuesta contra la minería ilegal
LEA TAMBIÉN:¿Un premio a cambio de tus datos personales? Lo que dice la ley sobre sorteos y promociones
El verdadero problema, más que la cantidad de feriados, son los llamados “puentes”, que convierten un día festivo en media semana de inactividad en el sector público y, muchas veces, paralizan también el esfuerzo del sector privado. Un ejemplo claro fue lo vivido a fines de julio, cuando, justamente por esa “política” de los “puentes”, el país se paralizó casi por toda una semana. Es a raíz de esos “puentes” que los dieciséis feriados se convierten en casi el doble de días no laborables, porque aquello de “compensable” termina siendo una mentira institucionalizada.
El tema de los feriados, que generó harto revuelo, no es, en verdad, un problema muy grande. Como ya han señalado muchos, el Perú es el país que tiene la mayor cantidad de feriados, pero la diferencia con muchos otros países tampoco es tanta: la mayoría tiene entre 10 y 14 feriados nacionales y, en algunos casos, a estos se suman feriados federales o estaduales.
En esos temas el Gobierno se ha autoimpuesto un candado al negar de plano que se vaya a impulsar cualquier medida en la dirección que apuntaba la oposición. Ahora bien, si esa dirección realmente era la que apuntaba el Ejecutivo, entonces va a tener que trabajar para eliminarlas o para darles otro enfoque, con otras acciones que no parezcan lo que en realidad eran.
Los feriados pueden seguir estando donde están, pero el día no laborable puede trasladarse al viernes o al lunes siguiente, de tal manera que eliminamos los “puentes” y el turismo no se perjudica, porque habría un fin de semana largo de todas maneras, pero no tan largo como el que nos imponen muchas veces. Así, los feriados y los días no laborables seguirían siendo 16 al año, y ya no el doble.
El mensaje que se transmite al plantear que no importa si los congresistas van o no al hemiciclo, con tal de que cumplan su trabajo, es profundamente negativo. No solo porque se les paga altos sueldos, muchas gollerías y se les asigna harto personal para que cumplan con su tarea de “parlar” en el Congreso, discutir, intercambiar ideas y planteamientos, ponerse de acuerdo u oponerse, asistir a las comisiones, revisar y corregir los proyectos de ley, y sustentar sus opiniones en el hemiciclo; sino porque constituye un pésimo ejemplo para el sector público, al que se le quiere decir que debe trabajar más y tener menos feriados.
En realidad, esa actitud complaciente del presidente del Senado, que busca ser generoso con sus colegas para agilizar el trámite legislativo, lo que pretende es seguir con la virtualidad. Y ya sabemos que eso se traduce en: “Hagan lo que quieran, con tal de que, a la hora de la votación, digan “sí” desde donde estén”.
Si lo que se busca es una rápida aprobación de las facultades, lo mejor es actuar rápido y ligero. No se trata de sorprender al Congreso y “ganarle el vivo” enviando un paquetón de proyectos ni de ponerlo contra las cuerdas con la excusa de la urgencia por El Niño. Más aún cuando es el propio Ejecutivo el que ya acumula varios días de demora. Eso puede convertirse en un búmeran.
Mientras el presidente del Senado permite que senadores y diputados —también servidores públicos— dispongan de su tiempo como quieran con tal de participar y votar por Zoom, tanto personal como mentalmente a distancia, la presidenta de la República, Keiko Fujimori, exige un Estado presente. La contradicción es evidente: no hay coherencia ni consistencia en pedir que los trabajadores del Estado trabajen más, atiendan mejor a la población y estén cerca de la gente, si el vicepresidente de la República promueve un Congreso ausente, con feriados y “puentes” permanentes.
Y esto sin mencionar las semanas de representación, que en realidad son vacaciones mensuales pagadas.
LEA TAMBIÉN: Oliver Stark regresa a Petroperú: lo que dice el ministro del Minem sobre la petrolera
Enrique Castillo es periodista.
Comentarios 0
Súmate a la conversación
Tu comentario es anónimo, pero para evitar bots necesitamos que te registres. Es gratis y toma 30 segundos.
Crear cuenta para comentar Ya tengo cuenta