Cinco años después del retorno de los talibanes al poder, Afganistán sigue siendo el único país del mundo donde las niñas y mujeres tienen formalmente prohibido continuar sus estudios más allá de la educación primaria, según denunció la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).
La cifra de privadas de educación secundaria asciende a 2,4 millones, lo que representa un aumento de 200.000 respecto a 2025. Si la prohibición se mantiene, el número podría acercarse a los cuatro millones de excluidas en 2030, a medida que nuevas generaciones culminen la primaria.
El organismo internacional calificó esta situación como una vulneración sistemática de los derechos de mujeres y niñas, y exigió el restablecimiento inmediato del acceso a la educación. "Estas restricciones hacen desaparecer dos décadas de avances en materia de acceso a la educación", señaló la UNESCO.
La entidad advirtió que la medida no solo afecta el presente de las menores, sino que compromete el futuro del país al dejar a toda una generación sin herramientas para su desarrollo. La comunidad internacional ha mostrado su preocupación ante el retroceso en materia de derechos humanos en la nación asiática.
La emergencia educativa en Afganistán no se limita a las restricciones contra las mujeres y las niñas. La UNESCO advierte que más de dos millones de niños en edad de cursar primaria permanecen fuera de las aulas y que más del 90% de los menores de 10 años no puede leer correctamente un texto sencillo. La prohibición que el país mantiene es única en el mundo y se profundizó tras el regreso de los talibanes a Kabul en 2021, cuando cerca de un millón de niñas estaban matriculadas en la educación secundaria.
Desde diciembre de 2022, las mujeres también tienen prohibido acceder a la universidad, una medida que dejó a más de 100.000 jóvenes sin posibilidad de continuar estudios superiores. Hoda Jaberian, coordinadora de Educación en Emergencias de la UNESCO, alertó sobre el efecto que tiene el paso del tiempo en las generaciones afectadas. "Cinco años no son una interrupción temporal en la educación de un niño. Es prácticamente todo un ciclo de secundaria", afirmó durante un encuentro con periodistas.
En esa línea, la funcionaria sostuvo que "las mujeres y las niñas afganas tienen derecho a aprender; es un derecho humano fundamental. Tienen derecho a trabajar. Deben disfrutar de libertad de movimiento (...) sin verse obligadas a estar acompañadas o vigiladas, ni sufrir prohibiciones dentro de sus comunidades".
El impacto de la exclusión educativa también se sentirá en la economía afgana. La UNESCO estima que si las restricciones a la educación superior femenina persisten, unas 600.000 mujeres podrían abandonar el mercado laboral hasta 2066, con una pérdida acumulada de ingresos para el país cercana a los 9.600 millones de dólares. A ello se suma el daño al propio sistema educativo: la organización proyecta que para 2030 podría faltar más de 11.000 maestras cualificadas, tanto por las limitaciones impuestas como por la salida de docentes del territorio.
La infraestructura escolar tampoco escapa al deterioro. Desde 2021, más de 1.000 centros educativos cerraron por terremotos, inundaciones y otros desastres naturales, y casi la mitad de las escuelas no cuenta con agua, saneamiento o calefacción. “Cada vez hay menos niñas que pueden estudiar, menos mujeres que pueden convertirse en profesoras y profesionales y, poco a poco, el sistema educativo pierde el capital humano que necesita para recuperarse”, explicó Jaberian.
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