El descubrimiento del primer huevo con un embrión de Lystrosaurus no solo mostró cómo se desarrollaba una cría dentro del cascarón, sino que también aportó pistas clave sobre la supervivencia de este protomamífero tras la extinción masiva del Pérmico-Triásico. El fósil, hallado en la antigua Pangea, permitió observar directamente el desarrollo de una cría dentro del huevo y confirmar una característica que hasta ahora solo se planteaba a partir de otros indicios.
Los investigadores creen que su estrategia reproductiva pudo darle una ventaja frente a las condiciones extremas que siguieron a la catástrofe. Los huevos de Lystrosaurus eran enormes en relación con el tamaño del animal, una característica que habría permitido que las crías nacieran relativamente desarrolladas. De esta manera, podían desplazarse y alimentarse poco después de la eclosión, una posible ventaja en las duras condiciones posteriores a la extinción.
El análisis incluyó un escaneo avanzado que reveló detalles del embrión, confirmando su inmadurez y proporcionando la primera evidencia de la reproducción ovípara en ancestros mamíferos. Este protomamífero, de tamaño similar al de un perro, habitó la antigua Pangea y logró expandirse después de una de las mayores extinciones de la historia.
El fósil permitió observar directamente el desarrollo de una cría dentro del huevo y aportar nuevas evidencias sobre una característica que hasta ahora solo podía plantearse a partir de otros indicios.
La confirmación de la inmadurez del ejemplar llegó cuando las imágenes mostraron que la mandíbula del embrión aún no había completado la unión entre sus dos mitades, un detalle que emocionó a Julien Benoit. "Cuando vi la sínfisis mandibular incompleta, sentí gran entusiasmo", relató el investigador. Según el ESRF, el hallazgo representa “la primera evidencia directa de la reproducción ovípara de los ancestros mamíferos”.
El fósil fue hallado en 2008 durante una excursión de campo encabezada por Jennifer Botha, de la Universidad de Witwatersrand. "Este fósil se descubrió durante una excursión de campo que encabecé en 2008", recordó la investigadora. Años después, el equipo recurrió a imágenes de sincrotrón en el BM18 del ESRF, con una resolución de apenas unas micras. "Era esencial escanear el fósil de la manera adecuada para captar el nivel de detalle requerido para resolver sus huesos tan diminutos y delicados", explicó Vincent Fernández, encargado de los escaneos.
Los investigadores también sostienen que los huevos poseían una cáscara blanda y similar al cuero, cuya superficie habría protegido al embrión frente a la desecación. Esa estructura explicaría, además, su escasa presencia en el registro fósil: al descomponerse rápidamente, tenía pocas probabilidades de conservarse durante millones de años.
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