Un equipo internacional de científicos detectó que una extensa corriente de hierro líquido del núcleo externo de la Tierra modificó de forma inesperada su trayectoria bajo el océano Pacífico alrededor de 2010. El hallazgo, que sorprendió a la comunidad científica, se obtuvo tras analizar datos recogidos entre 1997 y 2025 por satélites y observatorios terrestres, y ofrece nuevas pistas sobre los procesos que ocurren a unos 2.200 kilómetros de profundidad y que hacen posible la existencia del campo magnético del planeta.
La investigación, publicada en la revista Journal of Studies of Earth's Deep Interior, combinó información de las misiones Swarm y CryoSat de la Agencia Espacial Europea (ESA), además de los satélites CHAMP y Ørsted. Los resultados muestran que una amplia región del hierro fundido pasó de desplazarse lentamente hacia el oeste a hacerlo con fuerza hacia el este, un cambio que los científicos todavía no consiguen explicar y que podría modificar la forma en que se entiende el funcionamiento del interior terrestre.
Flujo del núcleo fundido de la Tierra en 1999 y 2016. Foto: ESA
¿Cómo detectaron un cambio a 2.200 kilómetros de profundidad?
Aunque el núcleo de la Tierra permanece fuera del alcance de cualquier instrumento directo, los investigadores pueden reconstruir lo que ocurre en su interior mediante el estudio del campo magnético. Los satélites Swarm, puestos en órbita por la ESA en 2013, incorporan magnetómetros de alta precisión capaces de registrar variaciones extremadamente pequeñas en ese escudo natural que rodea al planeta.
El hallazgo, que tuvo lugar bajo el Pacífico, fue posible tras comparar las mediciones con registros obtenidos desde la superficie. De esa manera, los especialistas reconstruyeron la evolución de los movimientos del hierro líquido en el límite entre el núcleo y el manto terrestre, lo que permitió vincular el fenómeno con otros eventos como el denominado geomagnetic jerk de 2017, una alteración rápida del comportamiento del campo magnético del planeta. Los datos satelitales también revelaron aceleraciones con forma de ondas y estructuras dinámicas que habrían pasado inadvertidas con observaciones menos precisas.
Durante décadas, los modelos científicos sostenían que las grandes corrientes del núcleo externo mantenían un comportamiento relativamente estable, con un desplazamiento predominante hacia el oeste. No obstante, el nuevo estudio demuestra que esa estabilidad puede romperse en determinadas regiones del planeta.
"La inversión del flujo a gran escala bajo el Pacífico plantea nuevas preguntas sobre el comportamiento del interior profundo de la Tierra. Los científicos ahora quieren averiguar si representa una fluctuación de corta duración, parte de una oscilación repetitiva o un nuevo estado estable para la circulación del núcleo. El seguimiento continuo será esencial para determinar cómo evoluciona el flujo en los próximos años", declaró Frederik Dahl Madsen, de la Universidad de Edimburgo y autor principal de la investigación.
El investigador añadió que el modelo utilizado también indica que el intenso flujo hacia el este comenzó a perder fuerza desde 2020. Asimismo, planteó la hipótesis de que este cambio podría estar relacionado con modificaciones detectadas en el núcleo interno mediante estudios geodésicos y sismológicos, aunque esa posible conexión todavía requiere más investigaciones. Cabe recordar que el campo magnético terrestre se generaría en gran medida por un océano de hierro líquido sobrecalentado y en constante movimiento que conforma el núcleo externo de la Tierra, a 3.000 km de profundidad. Foto: ESA/AOES Medialab.
La científica de la misión Swarm de la ESA, Elisabetta Iorfida, resaltó que los resultados permitirán investigar posibles interacciones entre el núcleo externo, el núcleo interno y el manto inferior, lo que ayudará a comprender mejor el límite entre el núcleo y el manto, una región fundamental para la dinámica del interior terrestre. "Este estudio demuestra que pueden surgir cambios regionales en apenas una década", agregó.
El movimiento del hierro líquido en el núcleo externo genera el geodinamo terrestre, el mecanismo que produce el campo magnético que protege al planeta de las partículas cargadas del Sol. Sin esa barrera natural, la atmósfera y numerosas infraestructuras tecnológicas quedarían mucho más expuestas a la radiación solar. Los autores del trabajo subrayan que estos procesos no representan ningún peligro para las personas ni para el clima. No obstante, conocer con mayor precisión cómo evoluciona el núcleo resulta esencial para perfeccionar los modelos del campo magnético, mejorar los sistemas de navegación y comprender con mayor profundidad el funcionamiento interno de la Tierra.
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