La isla de Mindanao, en el sur de Filipinas, fue remecida este miércoles 5 de agosto por un terremoto de magnitud 6,3 que no dejó víctimas ni daños materiales de consideración, según confirmaron el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) y las autoridades filipinas. El movimiento telúrico, que ocurrió a una profundidad de 10 kilómetros, tampoco generó condiciones para emitir una alerta de tsunami.
El epicentro se localizó a unos 32 kilómetros de la provincia de Sarangani. Pese a que el temblor provocó la evacuación preventiva de algunas edificaciones, tal como se apreció en imágenes difundidas por usuarios en redes sociales, los organismos oficiales señalaron que no existían reportes confirmados de afectaciones. Las autoridades activaron los protocolos de monitoreo en la zona.
El sismo se produjo apenas dos meses después del terremoto de magnitud 7,8 que dejó un centenar de fallecidos y miles de damnificados en la misma región.
La Defensa Civil filipina, basándose en datos de la agencia sismológica Phivolcs, informó inicialmente que el fenómeno alcanzó una intensidad de 7 y sostuvo que no se esperaban réplicas. No obstante, el Consejo Nacional para la Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres (NDRRMC) advirtió que podrían registrarse nuevos movimientos y estimó que la magnitud fue de 7,1, una cifra superior a la difundida por el USGS.
Pese a estas diferencias técnicas, ambas instituciones coincidieron en que el episodio no generó condiciones para activar una alerta de tsunami y reiteraron que el monitoreo continuará mientras se recopila información desde las localidades cercanas al epicentro.
El terremoto de magnitud 7,8 registrado el pasado 8 de junio en Mindanao sigue presente en la memoria de sus habitantes. Considerado el más potente en el país asiático en más de tres décadas, aquel desastre dejó cerca de un centenar de fallecidos, alrededor de mil heridos y unos 100.000 desplazados, además de daños en más de 50.000 viviendas. La fuerza del fenómeno también transformó el paisaje costero: el lecho marino se elevó hasta dos metros, miles de corales quedaron expuestos y la línea de costa retrocedió aproximadamente 200 metros, según las autoridades.
Filipinas se ubica en el denominado Anillo de Fuego del Pacífico, una extensa franja donde convergen varias placas tectónicas y se concentra una intensa actividad sísmica y volcánica. Por esa ubicación geográfica, los terremotos son frecuentes y el país mantiene sistemas permanentes de vigilancia y respuesta ante emergencias.
Mientras tanto, los equipos de gestión de riesgos permanecen atentos ante la posibilidad de nuevos movimientos en las próximas horas en Mindanao, aunque hasta el momento no existen reportes oficiales de daños ni de personas afectadas. Las autoridades continúan evaluando la situación en la región, donde el nuevo sismo reavivó el recuerdo de la tragedia de junio.
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