Bosque petrificado de Arizona: los troncos fosilizados que parecen obras de arte y guardan secretos de hace 200 millones de años <<> El Parque Nacional del Bosque Petrificado exhibe troncos petrificados con vivos colores gracias a la permineralización, evidenciando cambios químicos en el subsuelo. La erosión fue la encargada de revelar, con el paso de los milenios, los majestuosos troncos petrificados que hoy exhiben una impresionante paleta de matices. Cada uno de esos colores, según los especialistas, constituye una valiosa evidencia de los cambios químicos ocurridos en el subsuelo, una transformación científica que combina belleza estética y valor histórico. El origen de este fenómeno se remonta al Triásico tardío, hace más de 200 millones de años, cuando una vasta llanura tropical en Arizona sufrió inundaciones masivas. Esas crecidas derribaron enormes árboles y los sepultaron bajo sedimentos y ceniza volcánica, un evento geológico que inició el proceso de fosilización. Gracias a ello, el Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos (NPS) y la NASA Earth Observatory identifican la zona como uno de los yacimientos fósiles mejor conservados del planeta. Los visitantes pueden recorrer el parque, pero deben recordar que está prohibido extraer cualquier fósil o pedazo de piedra. El lugar, además, forma parte de un circuito de maravillas naturales que incluye otros hallazgos sorprendentes, como el caso de Costa Rica, donde más de 10.000 toneladas de cáscaras de naranja transformaron un ecosistema árido y lo devolvieron a la fertilidad 16 años después, un resultado que dejó perplejos a los científicos.

El Parque Nacional del Bosque Petrificado (Petrified Forest National Park) alberga hoy estos milenarios especímenes transformados íntegramente en cuarzo, cuyos vívidos matices rojos, amarillos, púrpuras y azules surgen por la presencia de hierro y manganeso integrados en la mineralización. Cada pieza funciona como un testimonio geológico único sobre el ambiente primigenio que envolvió su sepultura.

Esa sepultura ocurrió durante el Triásico tardío, cuando el territorio actual de Arizona poseía un clima tropical surcado por caudalosos ríos que arrastraban frondosas coníferas. Las crecidas enterraron rápidamente esa vegetación bajo espesas capas de barro, arena y cenizas volcánicas. Según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) y el Servicio de Parques Nacionales, el enterramiento redujo casi por completo el contacto con el oxígeno, evitando que la madera se descompusiera como ocurre normalmente.

Así se inició un prolongado proceso de fosilización subterránea: el agua cargada de sílice penetró la estructura vegetal y sustituyó paulatinamente la materia orgánica por minerales resistentes. La NASA Earth Observatory explica que este mecanismo conservó con extraordinaria precisión la estructura original de los árboles, incluidos los anillos de crecimiento, la corteza y numerosas características microscópicas.

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¿El tiempo no logró destruir el Bosque Petrificado de Arizona, pero nosotros sí?

El levantamiento de la Meseta del Colorado, ocurrido hace 60 millones de años, fracturó las estructuras y las dividió en múltiples segmentos que hoy se reparten por toda la zona. Esos troncos, que permanecieron enterrados por más de 200 millones de años, se formaron mediante la permineralización, un fenómeno fósil en el cual la sílice disuelta en el agua reemplazó progresivamente los tejidos vegetales por rocas de cuarzo y calcedonia. Según la administración del espacio natural, los óxidos de hierro, el manganeso y la sílice pura aportaron a estas piezas matices rojos, púrpuras, amarillos o blancos.

El Parque Nacional del Bosque Petrificado en Arizona sigue abierto al turismo, con senderos, miradores y centros de visitantes a cargo del National Park Service, que advierte sanciones desde US$325 para quien se lleve o mueva cualquier fósil o piedra. Pese a ello, las extracciones ilegales persisten y algunos viajeros han devuelto fragmentos acompañados de cartas sobre supuestas maldiciones; esas piezas terminan apiladas en el sitio informal Conscience Pile. El personal científico no las reintegra al ecosistema porque reubicarlas contaminaría el yacimiento con datos erróneos. La gran paradoja del monumento nacional: la naturaleza preservó la madera durante 200 millones de años, pero un simple visitante puede borrar esa historia al guardarse un recuerdo en el bolsillo.

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