Escrita y dirigida por Ricardo Caffo, La lógica del escorpión regresa a los escenarios con una versión extendida que profundiza en los conflictos emocionales y las relaciones de sus personajes. Las funciones se realizarán durante agosto en el Centro Cultural CAFAE-SE, en San Isidro, los miércoles y jueves a las 8:00 p.m.
La puesta en escena, que en su temporada anterior obtuvo una positiva respuesta del público, gira en torno a Sandra, una mujer convencida de que una conversación puede cambiar el rumbo de su vida. Ese encuentro, sin embargo, nunca ocurre, y a partir de ese momento una serie de revelaciones altera su destino y el de quienes la rodean.
Con una narrativa que combina el drama, el suspenso y momentos de humor, la obra explora temas como el amor, la culpa, el deseo y la búsqueda del perdón. Una llamada que llega demasiado tarde, un embarazo rodeado de secretos y verdades ocultas conforman la trama de esta propuesta, que invita al público a reconstruir la historia junto a sus protagonistas.
En la siguiente parte de la nota, Caffo adelanta detalles sobre su visión de la obra y los personajes.
Las funciones serán los miércoles y jueves 12, 13, 19, 20, 26 y 27 de agosto a las 8:00 p. m. en el Centro Cultural CAFAE-SE (Av. Arequipa 2985, San Isidro). Las entradas están disponibles en Joinnus o al 910 636 988: la general cuesta S/ 45 y en puerta S/ 50. La producción está a cargo de Adriana Bravo y el elenco lo integran Marisa Minetti, Katia Salazar y Diego Alonso Pérez.
Ricardo Caffo, director y dramaturgo, explica que la obra busca acercarse a las contradicciones humanas desde la empatía y que no le interesa juzgar a los personajes, sino comprenderlos. “Me interesaba contar la historia de una mujer que intenta desesperadamente arreglar su vida, pero que, con cada decisión, termina hundiéndose un poco más. Creo que muchas veces así funciona la vida: queremos salir del dolor y, sin darnos cuenta, terminamos profundizando”, señala. Sobre la puesta en escena, que explora personajes que aman, se equivocan y buscan ser perdonados, afirma: “No me interesa juzgarlos, sino comprenderlos. Creo que el teatro puede generar empatía allí donde normalmente solo hay juicio e invitar al espectador a preguntarse cuánto de sí mismo reconoce en ellos”.
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