La historia de Edinson Agustín Barrera, alias ‘Catire’, en el Perú comenzó hace poco más de un mes y medio antes de que la Policía Nacional lo detuviera. Cuando este hombre, entonces de 23 años, de contextura delgada y con tatuajes que cubrían gran parte de su cuerpo, ingresó al país, el nombre del Tren de Aragua aún resultaba ajeno para la mayoría de peruanos. Fue recién con su captura que las autoridades lo identificaron como el primer cabecilla de esa organización criminal detenido en territorio peruano. Este domingo, ese capítulo cerró con su expulsión hacia Venezuela.
El operativo de salida se ejecutó desde el Grupo Aéreo N.° 8, en el Callao, a bordo de un avión de la Fuerza Aérea del Perú. En el mismo vuelo viajaron otros dos ciudadanos venezolanos con vínculos al Tren de Aragua. De acuerdo con las autoridades, la medida busca evitar que estos sujetos vuelvan a reorganizar estructuras criminales dentro del país.
Antes de que su nombre se volviera recurrente en los expedientes de inteligencia policial, la vida de ‘Catire’ se originó en el estado venezolano de Anzoátegui. Según los documentos policiales, nació el 28 de diciembre de 1994 y nunca conoció a su padre. Creció al lado de su madre y cuatro hermanos, mientras ella dedicaba la mayor parte de su tiempo a un negocio de comida. Su única figura paterna fue un tío, que también desapareció de su vida cuando Barrera tenía apenas 11 años.
UN PERFIL SANGUINARIO
Los expedientes incorporados al proceso judicial describen una crianza permisiva y negligente. Un peritaje psicológico determinó que Barrera presentaba una personalidad belicosa, egocéntrica y desenfrenada, junto con un profundo desprecio por la vida humana. El mismo informe señalaba que solía recurrir a la confrontación y a la seducción como herramientas para conseguir lo que deseaba.
La intervención del 3 de agosto de 2018 en el centro comercial Plaza Norte, en Independencia, marcó un punto de quiebre para las autoridades peruanas. Agentes de la Dirincri capturaron ese día a alias ‘Catire’ junto a otros cuatro venezolanos que, según la investigación, se preparaban para asaltar una agencia bancaria en el Callao. En el operativo se incautaron armas de fuego, una granada de guerra, municiones, pasamontañas, un vehículo y el croquis del banco que presuntamente iban a atacar. Para los investigadores, aquella intervención no fue un hecho aislado: significó el inicio de una investigación mucho más grande que permitió descubrir que el Tren de Aragua ya había comenzado a extender sus operaciones en el Perú.
Antes de llegar a Lima, la historia del cabecilla ya era violenta. Según la información policial incluida en la investigación, cometió su primer homicidio a los 14 años: asesinó a un hombre conocido como ‘Dieguito’, a quien responsabilizó por la muerte de su hermano. Además, los agentes establecieron que nunca llegó a trabajar en Venezuela. Cuando decidió salir de su país, utilizó la identidad de otra persona para ingresar al Perú con una cédula venezolana. Ese episodio llevó posteriormente a que las autoridades endurecieran los controles migratorios y comenzaran a exigir pasaporte a los ciudadanos venezolanos que ingresaban al territorio nacional.
EL PRIMER ROSTRO DEL TREN DE ARAGUA
Las pesquisas posteriores revelaron que la organización ya buscaba consolidar una red dedicada al sicariato, la extorsión, la trata de personas, secuestros y robos armados en distintos países de Sudamérica.
Los informes de inteligencia describían a Barrera como un sicario de alta peligrosidad y lo vinculaban con cerca de 25 homicidios, además de otros casos de robo agravado y sicariato cometidos tanto en Venezuela como en Perú. Ese perfil, sin embargo, contrastaba con el expediente que enfrentó en el país: fue condenado por tenencia ilegal de armas, posesión de explosivos y tráfico de drogas, aunque los investigadores sostenían que esa causa no reflejaba toda su trayectoria criminal.
Uno de los oficiales que interrogó por primera vez a un cabecilla de esa organización recordó el impacto que le produjo su comportamiento. “Lo que habíamos visto antes era que los secuestradores o asaltantes se arrepentían cuando sabían que perderían la libertad o sus mujeres también estaban en la mira, pero con los del Tren de Aragua no había remordimiento”, contó.
Las investigaciones también recogieron que Barrera posaba en fotografías junto a las cabezas cercenadas de algunas de sus víctimas y que, tras ser capturado, manifestó que, si hubiera tenido un arma durante la intervención policial, la habría utilizado. Incluso desde el penal de Ancón I, años después, una publicación periodística chilena señaló que seguía siendo considerado un referente para integrantes del Tren de Aragua que operaban en la costa del Pacífico sudamericano.
En junio de 2019, el Poder Judicial lo sentenció a ocho años de prisión. Pero al acercarse el cumplimiento de la condena surgió la preocupación de que recuperara su libertad porque la sentencia no contemplaba una expulsión inmediata del país. Esa posibilidad quedó descartada este domingo, cuando el Gobierno ejecutó su traslado a Venezuela junto con otros dos integrantes del Tren de Aragua.
La organización criminal que nació al interior de la cárcel venezolana de Tocorón ya había cruzado las fronteras y comenzaba a tejer una red delictiva que, con los años, se convertiría en una de las mayores amenazas para la seguridad del Perú. Ese hallazgo fue posible gracias a la captura de alias ‘Catire’, el cabecilla del Tren de Aragua cuya expulsión del país pone fin a su historia en territorio peruano. Fue la Policía Nacional la que, a partir de su detención, pudo confirmar que el grupo ya operaba más allá de su origen penitenciario y que su expansión recién empezaba. Ahora, con su salida, se cierra un capítulo clave para las autoridades, aunque el impacto de lo descubierto sigue marcando la lucha contra el crimen organizado en el país.
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