Grupo Bros abre las puertas de Sátiro, un nuevo restaurante en la ciudad donde la gastronomía, el arte y la puesta en escena conviven en un mismo espacio. La propuesta se inspira en los sátiros de la mitología griega, criaturas alegres y pícaras, amantes del vino y de las mujeres, que disfrutan de los placeres físicos, y también en los “party dinner” que están de moda en varias partes del mundo.
El local ocupa la elegante casona patrimonial de 1920 que antes albergaba Lima 27, en San Isidro. Juan Alberto Bravo, socio fundador de Grupo Bros, cuenta que la idea de un concepto tan ambicioso tomó varios años en gestarse. Reconoce que lo suyo nunca han sido los pasitos discretos sino más bien los saltos olímpicos, y cuando se presentó la oportunidad de tomar esta imponente casona san isidrina, no dudaron ni un segundo.
Sátiro tiene múltiples ambientes, cada uno elegantemente decorado y con personalidad propia. La propuesta gastronómica ha sido creada por Sebastián Vega, quien entiende a la perfección el espacio donde está y se adapta perfectamente al ritmo del lugar: un concepto que pasa de la cena a la barra, donde la música va subiendo de volumen, donde cada hora hay un pequeño show en vivo que disfrutar.
La puesta en escena es intensa y el público la disfruta de principio a fin, tanto que en sólo tres meses han tenido que ampliarla a varios de los salones del local, y ya no sólo exclusivamente al principal. En un espacio donde el movimiento comienza desde que abren sus puertas, la cocina responde con platos sencillos, pero bien ejecutados, donde los sabores principales son el nikkei pero también hay brasas.
La experiencia en Sátiro arranca con un host de traje y saco largo color palo rosa que abre las puertas un miércoles por la noche: todo se vuelve misterio, elegancia y armonía. El restaurante está lleno y los mozos, siempre atentos, van de acá para allá mientras recorremos los salones hasta llegar al principal, donde nos espera una acogedora mesa para dos. En la carta, Sebastián —que ya había empezado a incorporar algunos platos nikkei en Piedra— incluye una interesante barra fría con cortes de sashimi y una buena selección de nigiris, muchos terminados en mesa para seguir con la onda del local: el de foie gras con manzana, el de asado Wagyu con mantequilla de hongos porcón, o las conchas de abanico con parmesano, trufa y tobiko. También hay makis como el crab maki con pulpa de cangrejo spicy, el Guratan con chimichurri y el parrillero con espárragos, pimiento, asado wagyu y rocoto parrillero. Luego llegan los crudos: probamos el tiradito doble pesca con salsa de ají amarillo ahumado, chalaca de pulpo y furikake, muy bueno, y el ceviche de lychee con pesca y pulpo, palta tatemada y criolla de wakame. Sebastián juega con nuevos cortes, nuevos productos y nuevas formas de servir, incorporando más variedad de pescado, más creatividad y estética. En la robata destacan una chistorra con alioli, pachikai, rocoto parrillero y baos fritos; unas buenas conchas con ajo negro, lychee y wakame, y una ventresca de pescado con yogurt griego y chimichurri. Prueben también las almejas y pesca con chili crispy, ponzu y leche de tigre de almendras criogenizadas: elegantes y frescas.
La experiencia en Sátiro, hoy en día única, está rebosante de arte, diseño y música; el formato y la energía del equipo contagian mucho entusiasmo. Sin duda, una noche que repetiremos. Parte de esa magia se debe a la enorme y completísima barra, que es cosa seria. David Villacorta, bar manager del local, logra una carta de cócteles de autor que conjuga originalidad y nivel: el Sátiro Negroni, el blushing highball con gin, syrup de frutos rojos y vermouth, o el mai-tai pistacho con ron, luxardo, maraschino, pistacho y piña. También está el Capitán Dionisio, cóctel que presentaron al concurso de vermouth Avelino, donde el Avelino Rosso se encuentra con el pisco Ferreyros Acholado y la fuerza de Wild Turkey.
Vega no negocia la nobleza del producto: se nota el dominio de las técnicas y su preocupación por ofrecer una buena experiencia al comensal. Acertó en la elección de platos, logrando un hilo conductor en la carta que hace que la experiencia sea sabrosa y entretenida. Dentro de los fondos no pueden perderse el udon y tuétano, con pasta gruesa, mariscos, katsuobushi y perlage di tartufo. En las brasas, una pesca crocante al curry, muy buena, que conviene mezclar bien con el arroz; también una entraña fina y un bife ancho wagyu, que pueden solicitarse con o sin experiencia miso en la mesa. Y no se vaya sin probar los postres: nuestro favorito es la tarta vasca de manchego y queso mantecoso, con helado de panna, higos ahumados y Pedro Ximénez.
Para llegar: Santa Luisa 295, San Isidro. Atienden de lunes a jueves de 7 pm a 11 pm, y viernes y sábados de 7 pm a 2 am.
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