La estampida hacia Ceuta fue tan repentina como su retorno. Decenas de miles de migrantes marroquíes que el 30 de julio ingresaron al enclave español en el norte de África ya han vuelto a su país, según el Gobierno español, que calcula que el 96% de las 50.000 personas que cruzaron la frontera han regresado a Marruecos. A sus espaldas dejan la tragedia de al menos 57 fallecidos en el intento de llegar a España a nado alrededor del espigón del Tarajal, el punto crítico de la frontera entre el reino alauí y la ciudad autónoma.
Mientras el mundo busca una explicación a un fenómeno tan efímero como inusual, los testimonios de quienes participaron en la oleada intentan dar sentido a las vidas perdidas en la jornada. “Sinceramente, ni siquiera sé por qué he venido”, declaró Reda, uno de los jóvenes que se lanzaron a las aguas del Mediterráneo para bordear el espigón. Su caso es el de muchos de los que se embarcaron en una aventura que ellos mismos no terminan de comprender.
Otros, en cambio, sí tienen un motivo claro. “He venido aquí en busca de un futuro mejor”, dijo Dounia Kherradi, una camarera de Lqliaa, ciudad que el año pasado fue escenario de fuertes protestas antigubernamentales. “Mi salario no es suficiente para cuidar de mis padres y tengo una hija... que Dios nos ayude”. La precariedad que describe Kherradi se refleja en las cifras oficiales: uno de cada cuatro marroquíes entre los 15 y los 24 años no cuenta con educación, empleo ni formación.
También hubo quienes aseguraron haber sido alentados por autoridades de su propio país, según declaraciones recogidas por el ‘New York Times’. Y no faltaron los que se animaron por lo que vieron en redes sociales. Ayoub El Abyad, un adolescente de 16 años, le contó a la agencia Reuters que decidió cruzar junto a su primo después de ver en Instagram que había centenares de personas entrando a España desde Marruecos. “La migración consiste en mejorar nuestras vidas. Acordamos probar la idea de cruzar y confiar en Alá”, afirmó.
Muchos de los que se lanzaron al mar reportaron haberlo hecho impulsados por publicaciones que hablaban de una sentencia del Tribunal Supremo español que pausaba las expulsiones de los migrantes interceptados en el mar. Algunos de los que retornan, en tanto, lamentan que en la ciudad “no había agua ni comida”.
El súbito aborto de la expedición española no fue a costo cero. Cincuenta y siete personas muertas y una noche de horror en medio de la indefensión forman parte del balance. En ese contexto, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, considera endurecer las condiciones para la repatriación, mediante una reforma de la ley de inmigración. El anuncio se da después de que el Ministerio de Exteriores calificara como información engañosa en línea la interpretación —incompleta, por decir lo menos— de que el fallo judicial impedía tramitar las devoluciones por los procedimientos legales normales.
Miles de personas, incluidos niños no acompañados, quedaron durmiendo en parques y aceras, mientras otros deambulaban por las calles sin rumbo, según Rachid Sbihi, director de una asociación de trabajadores de Ceuta que representa a oficiales de la Guardia Civil, quien describió la situación en la ciudad como una "grave crisis humanitaria". El intento de varios grupos de ingresar por la fuerza al Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) fue repelido por agentes de la Policía Nacional.
"Hermana, ni lo intentes. Los españoles están muy movilizados, no dejan entrar a nadie y los que logramos pasar estamos volviendo. Que no se te ocurra venir". La advertencia fue hecha por un joven marroquí a una reportera de la agencia EFE a la que confundió con una migrante. Muchos de los que emprendieron el retorno voluntario reportaron haber pasado horas a la intemperie, sin auxilio de ningún tipo al otro lado de la frontera. "Cuando entramos en Ceuta no había nada. Solo había hambre y sufrimiento; no había agua ni comida", relató Ahmed a la agencia EFE.
Otros fueron testigos de situaciones mucho más extremas, como Ahmed (nombre ficticio), quien vio a personas morir ahogadas durante el trayecto a nado entre Fnideq (Castillejos) y Ceuta. "No hay nada en casa. Tendría que hacer turnos de 12 horas por un salario miserable. Por eso vine aquí", le dijo a AP Abdulah Buji, un joven de 21 años originario de Tetuán. "Pero tampoco he encontrado oportunidades aquí, así que tengo que volver”.
"Quería marcharme para intentar salir adelante, pero no pudo ser. Fui nadando y allí no había ni comida. La Policía golpea a la gente sin motivo y no nos tratan bien. Esto no ha sido un buen plan", agregó Amir, un futbolista de 23 años que ahora planea intentar de nuevo la aventura, pero “con papeles”.
El diario ‘New York Times’ reportó que en varias entrevistas los migrantes informaron que autoridades marroquíes los habían animado al cruce. Esa versión, sin embargo, es rechazada por la cancillería española, que asegura que los lazos bilaterales eran “excelentes y no se vieron afectadas por nuestra buena relación con Argelia”.
Detrás de la súbita y efímera estampida siguen flotando más preguntas que respuestas. Pedro Sánchez ha fustigado a las mafias de tráfico de personas como responsables de lo vivido en Ceuta, pero otras versiones persisten en medio de la incertidumbre. Las cifras están documentadas del lado español, pero se desconoce cuántos corrieron con la misma suerte del lado marroquí, como una persona que fue vista en imágenes de redes sociales cayendo al vacío en medio de un forcejeo con fuerzas de seguridad del país magrebí.
“Hicimos todo lo posible, pero no pudimos”, relató un hombre en conversación con EFE. “Vimos a personas morir a nuestro lado, lo juro por Dios. Morían en el agua. Cuando queríamos salvar a alguien, no pudimos hacer más de lo que estaba en nuestras manos”.
Instrumentalizar la tragedia migratoria
“La práctica totalidad de quienes entraron en Ceuta han vuelto ya a Marruecos”, aseguró el canciller español José Manuel Albares en una publicación en X en la que también respondió a la decisión italiana de suspender el tratado de libre circulación entre los dos países, calificándola de “confusión interesada”. Roma ha matizado su medida, diciendo que los controles se habilitarán solo para viajeros no europeos procedentes de España, pero su posición sigue yendo a contracorriente de otros gobiernos en el continente.
El canciller portugués Paulo Rangel aseguró que Lisboa no considera necesaria la suspensión española del espacio Schengen, el presidente francés Emmanuel Macron apuntó que “Ceuta no goza de libre circulación hacia el resto” de esa zona y los embajadores de la Unión Europea se reunirán recién el 3 de agosto para abordar la situación.
Haizam Amirah-Fernández, director del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos en Madrid, recordó en conversación con la agencia Reuters que una reciente visita de Sánchez a Argelia (país históricamente enfrentado con Rabat) para sellar acuerdos energéticos, “no fue vista positivamente en Rabat”. “Una forma de manejar esto es enviar un mensaje no muy sutil”, estimó Amirah-Fernández.
Las lecturas políticas no se hicieron esperar. El presidente estadounidense Donald Trump aprovechó una reunión de gabinete para advertir, en referencia a las elecciones de medio término, que "lo mismo nos va a pasar si los republicanos no son elegidos, pero peor". En tanto, el ministro de Exteriores ucraniano, Andréi Sibiga, señaló en una publicación en X la existencia de "una intensa campaña de propaganda rusa en toda Europa usando imágenes de Ceuta para sembrar la desestabilización", y sostuvo que "durante años, Moscú ha utilizado la migración y otros temas sensibles para avivar el miedo".
El episodio también fue capitalizado por líderes de derecha y ultraderecha a nivel mundial, que denunciaron la supuesta laxitud de la política migratoria española y alertaron sobre sus consecuencias para el continente europeo. Sin embargo, el portavoz de la Agencia Europea de la Guardia Costera y de Fronteras, Krzysztof Borowski, pidió cautela: "Es demasiado pronto para dar una explicación real de por qué ocurrió este aumento de migrantes, o cómo se movió tan rápido".
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