La presidenta Keiko Fujimori mantiene la desconfianza política en diversos sectores del país, una situación que se agrava al afirmar que “gobernará como lo hizo su padre”. Esa declaración evoca episodios como La Cantuta, la amnistía a los responsables, las esterilizaciones forzadas sin sanción, desaparecidos, torturados y mucho más. En esa línea, la aprobación de las leyes procrimen y el cambio del delito de lesa humanidad anticipan lo que algún cardenal defenestrado gritara: “los derechos humanos son una coj...”.
Con un cinismo impresionante, la mandataria sostiene que le han entregado el país “de manera catastrófica”, cuando durante años ha moldeado y destruido sus instituciones para lograr ser presidenta. Se rompió el equilibrio de poderes y la institucionalidad, y hoy se le devuelve poder al Ejecutivo tras haberlo desequilibrado. Promete obras e infraestructura, pero olvida decir cómo financiarlas, del mismo modo que olvida a las víctimas asesinadas.
La construcción social demanda confianza política y social. Cumplir los compromisos es vital para que los electores confíen en la representación de sus autoridades. La confianza permite desarrollar acuerdos e implementarlos para construir nuevos escenarios.
Las fuerzas opositoras necesitamos construir confianza política para frenar el autoritarismo en marcha. La primera confrontación para elegir la Junta Directiva del Senado mostró lo contrario. Además de la deslealtad y traición de quien votó nulo o viciado, tener que mostrar el voto fue expresión de desconfianza política entre las fuerzas opositoras.
Construir democracia requiere organizaciones políticas consolidadas, respeto a los derechos humanos, económicos, sociales y políticos. Necesitamos construir inclusión y dignidad para los excluidos. El país es de todos, no de los menos.
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