El sistema de educación pública peruano enfrenta una crisis profunda en su infraestructura. De acuerdo con datos del Ministerio de Educación (Minedu), el país cuenta con 55,609 locales educativos públicos que atienden a 6.4 millones de estudiantes. Sin embargo, 26,905 de estos locales —casi el 48%— se encuentran en riesgo estructural, una situación que afecta directamente a más de 1.2 millones de alumnos.

El déficit económico para cerrar esta brecha supera los S/171,700 millones, un monto equivalente a cerca de tres cuartas partes del presupuesto público anual. El ministro de Educación, Erfurt Castillo Vera, reconoció la gravedad del panorama. “Necesitamos ahora ciento setenta mil millones para poder cubrir esa brecha de infraestructura educativa y eso es un asunto muy delicado y grave porque no podemos educar a los niños y a los adolescentes en una infraestructura débil e inadecuada”, señaló.

Desde una mirada arquitectónica, el diagnóstico es aún más contundente. José Ignacio Pacheco, decano de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad de Ciencias y Artes de América Latina (UCAL), afirma que el sistema educativo arrastra décadas de abandono. “Presenta un contraste marcado entre el gran déficit estructural histórico con una brecha económica estimada de S/158,832 millones y una desatención que ignora el problema”, sostiene.

Según el especialista, más del 98% de los colegios públicos tiene capacidad instalada inadecuada, lo que se traduce en aulas pequeñas para demasiados estudiantes, patios insuficientes, falta de laboratorios y servicios higiénicos deficientes. En el día a día, esta realidad se expresa en condiciones básicas que afectan la experiencia escolar. “Los estudiantes asisten a clases en instalaciones deficitarias en confort, con mobiliario roto, sin servicios y sin condiciones básicas de calidad”, advierte Pacheco.

Incluso más del 50% de los locales escolares requeriría ser demolido y reemplazado por completo, debido a su antigüedad y falta de mantenimiento acumulado.

Un problema más grave en zonas rurales

Las carencias en infraestructura educativa se agravan fuera de las grandes ciudades. “Donde más se padece es en zonas rurales, aunque también en la periferia de Lima”, explica Pacheco. La desigualdad territorial es evidente: mientras Lima Metropolitana concentra poco más de 2,000 colegios públicos, regiones como Cajamarca superan los 6,400 locales educativos, muchos en condiciones precarias. En Cajamarca, el 63% de los locales está en riesgo; en Loreto, el 34%. El viceministro de Gestión Institucional, Walter Borja, señaló que esta situación no es reciente: “Tenemos una situación de riesgo que no data de este gobierno ni de este periodo gubernamental, sino que es histórica”. Se trata de una deuda del Estado que persiste.

Diseños escolares que ya no responden al aprendizaje

Otro problema es que muchos colegios fueron diseñados bajo modelos pedagógicos del pasado. “Se requiere cambiar el modelo de diseño escolar de pabellones de aulas más un patio de juegos. La mayoría de colegios muestran diseños repetidos que responden a estándares pasados y desfasados”, afirma Pacheco. El arquitecto sostiene que los centros educativos modernos deberían funcionar como ecosistemas de aprendizaje, con laboratorios, espacios tecnológicos, bibliotecas activas y aulas flexibles adaptadas al entorno climático. Además, la falta de servicios básicos afecta directamente el rendimiento de los estudiantes. “Los estudiantes no rinden académicamente no solamente porque las pizarras están manchadas o las ventanas rotas. Muchos colegios no tienen agua potable continua, los baños están en mal estado o faltan redes eléctricas y digitales adecuadas”, señala. La precariedad es extrema: en más del 18% de instituciones educativas los baños no cuentan con agua, lo que compromete las condiciones mínimas de higiene.

Riesgo frente a fenómenos climáticos

La Contraloría ha detectado que el 52% de instituciones educativas necesita cambiar los techos de sus aulas por riesgo estructural, lo que las expone a eventos climáticos extremos. Muchos edificios escolares fueron construidos bajo una misma tipología, sin considerar las diferencias climáticas del país. “Se construyó una misma tipología de edificios para costa, sierra y selva. Por tanto, tienen mala ventilación o carecen de aislamiento térmico, o los edificios terminan dañados por lluvias”, explica Pacheco. Los daños más comunes tras eventos climáticos incluyen techos colapsados por lluvias, estructuras metálicas deterioradas en zonas costeras y deslizamientos en áreas vulnerables.

Infraestructura y calidad educativa

Más allá de los edificios, el deterioro de los colegios tiene consecuencias profundas en el proceso educativo. Paul Neira, educador y director de TLF, señala que el solo hecho de actualizar el dimensionamiento de la brecha de infraestructura y equipamiento año a año es un permanente y doloroso reconocimiento de la magnitud del reto. “Podemos decir, teniendo en cuenta que este problema se “visibilizó” en el 2015 que la infraestructura educativa se ha convertido en un problema endémico-estructural que obliga al sistema a “funcionar” a pesar de. Existen diversos estudios que son tajantes en afirmar que la calidad educativa entendida como aprendizajes adquiridos por los estudiantes no tienen una fuerte correlación al factor infraestructura educativa”, comentó. En otras palabras, dice Neira, “para aprender más y mejor (que es la medida de calidad educativa de un sistema por antonomasia) el contar con toda la infraestructura saneada no hace la diferencia. Pero, donde si la hace es en el imperativo categórico de un estado que se compromete con la comunidad de ofrecer las mejores condiciones posibles para que se dé el hecho educativo; desde esta perspectiva si estamos en una deuda muy grande”.

Respuesta del Ejecutivo

Desde el Ejecutivo se han puesto en marcha algunas iniciativas para mejorar la infraestructura escolar.

El ministro Castillo detalló que el Gobierno destina S/295 millones para mantenimiento de infraestructura educativa en más de 55,000 locales, y S/5 millones adicionales para mejorar la accesibilidad. También se han implementado proyectos como las Escuelas Bicentenario, que contemplan la construcción de 75 nuevos colegios con estándares modernos. “No podemos educar a los niños en una infraestructura débil. La infraestructura educativa debe ser parte de una política de Estado”, remarcó el titular del sector. Sin embargo, las propias autoridades reconocen que estas intervenciones resultan insuficientes frente a la magnitud del problema. Para cerrar el déficit, especialistas y autoridades coinciden en que se necesita una estrategia de largo plazo que trascienda los periodos de gobierno. En ese contexto, Neira consideró que el Estado debe asumir la brecha como una cruzada nacional, desplegando diversas estrategias para acelerar el cierre de brechas. “Pero en un ejercicio honesto y veraz con la población, indicándole que este tipo de procesos toman largos períodos de tiempo (entre 12 a 20 años) para poder atender este vacío estructural del sistema”, señala. Entre las propuestas figuran concursos nacionales de arquitectura para diseñar colegios adaptados a cada región, mayor participación de universidades y colegios profesionales, y el uso de mecanismos como obras por impuestos o asociaciones público-privadas. Según Pacheco, el objetivo debe ser construir una nueva generación de escuelas. “Las tres prioridades urgentes son seguridad estructural inmediata, servicios básicos universales y concursos para desarrollar nuevos modelos de colegio peruano moderno, con diseño pedagógico flexible y adaptado al contexto urbano o rural”. Cerrar la brecha no será rápido. Pero para millones de estudiantes, la calidad de su educación depende también de la calidad del espacio donde aprenden. Carlos Rosales Salas Periodista con 10 años de experiencia en prensa escrita, radial y televisiva. Escribe sobre política, economía, defensa y actualidad.

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