Hace unos 66 millones de años, el impacto del asteroide que marcó el fin de los dinosaurios no solo generó incendios globales y un prolongado invierno, sino que una nueva investigación sugiere que el calor extremo liberado en el momento del choque pudo ser igual o más devastador. Publicado en la revista Journal of Geophysical Research: Biogeosciences, el estudio plantea que una gigantesca nube de polvo, generada por el impacto, actuó como una cubierta que atrapó el calor de millones de partículas incandescentes, impidiendo que se disipara.

El estudio indica que la nube de partículas también bloqueó la luz solar, provocando un descenso de temperatura de 20 grados Celsius durante décadas, transformando así los ecosistemas terrestres.

Este hallazgo reabre el debate sobre la extinción masiva, ya que hasta ahora la comunidad científica discutía si la causa principal fue el frío posterior o los incendios. La misma nube de polvo que retuvo el calor también bloqueó la luz solar, provocando un descenso de temperatura de 20 grados Celsius durante décadas, transformando los ecosistemas terrestres. Así, el estudio sugiere que el calor extremo inmediato pudo ser tan mortal como el posterior invierno global, ofreciendo un escenario aún más complejo y devastador para el fin de la era de los dinosaurios.

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La nube de polvo que convirtió la Tierra en un horno

El impacto del asteroide, de aproximadamente 12 kilómetros de diámetro, ocurrió en la actual península de Yucatán, en México. La colisión vaporizó más de 1.000 kilómetros cúbicos de roca, suelo, restos del cuerpo celeste y de los seres vivos de la zona. Según Brandon Johnson, investigador de la Universidad de Purdue y autor principal del estudio, parte del material expulsado escapó al espacio, mientras que otra fracción regresó a la atmósfera. Las pequeñas esférulas formadas durante el impacto generaron un intenso calor al reingresar, pero el polvo más fino permaneció suspendido alrededor del planeta y evitó que esa energía térmica escapara al espacio, actuando como la tapa de una olla.

Los científicos calcularon que la radiación generada fue hasta 17 veces superior a la necesaria para causar la muerte de un ser humano. Según el investigador, ese efecto, y no la onda expansiva inicial, habría sido el principal responsable de la desaparición de los dinosaurios y de numerosas especies. Así, la nube de polvo convirtió la Tierra en un horno, y los dinosaurios murieron en cuestión de horas.

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El polvo actuó como la tapa de una olla

El calor extremo generado por el impacto del asteroide fue solo el inicio de la catástrofe. Una vez que la temperatura descendió, la misma nube de partículas bloqueó la luz solar durante años o incluso décadas. Investigaciones previas estiman que la temperatura media global cayó alrededor de 20 grados Celsius durante unos 30 años, lo que desencadenó un prolongado invierno que terminó de transformar los ecosistemas del planeta.

Alexandria Johnson, coautora del trabajo y especialista en Ciencias de la Tierra, analizó las propiedades físicas de las partículas expulsadas tras el impacto. Sus simulaciones indican que la nube era prácticamente impermeable a la radiación térmica. “Descubrimos que la capa de polvo era tan impermeable a la radiación que atrapó prácticamente todo el calor generado por la caída de las esférulas cerca de la superficie del planeta. Es como si el polvo actuara como la tapa de una olla”, señaló la investigadora.

Bajo estas condiciones, únicamente habrían tenido posibilidades de sobrevivir los animales capaces de refugiarse bajo tierra, los peces que permanecían en aguas profundas y algunos dinosaurios aviarios, considerados los antepasados de las aves actuales.

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