“No vamos a permitir que el hemisferio occidental sea una base de operación para los adversarios, competidores y los rivales de Estados Unidos”, afirmó Marco Rubio, según difundió la Embajada de EE.UU. en Perú. La declaración, alineada con el discurso confrontacional de Donald Trump —quien ha desatado una guerra arancelaria con China—, resuena con fuerza en Lima, donde ambas potencias son los principales socios comerciales del país. La Casa Blanca subrayó que “lo que más importa es la seguridad, protección, bienestar y prosperidad de Estados Unidos”, en un contexto donde “la guerra es contra las organizaciones del narcotráfico y no contra Venezuela”. Sin embargo, las palabras de Rubio no pasan desapercibidas en Perú, que mantiene vínculos profundos con ambos gigantes. China lidera ampliamente el intercambio y la inversión en minería y el sector energético, mientras que Estados Unidos juega un rol clave en servicios, agroexportaciones y flujos financieros. Las cifras reflejan ese peso: en 2024, el intercambio comercial entre Perú y China alcanzó los US$ 43,300 millones, casi el doble del comercio bilateral con Estados Unidos, que sumó cerca de US$ 26,700 millones, según datos oficiales. Frente a este escenario, Juan Acosta, docente de Administración y Negocios Internacionales de la UPC, señaló a Gestión que el anuncio de Estados Unidos “podría volver a activar las alertas y presionar al Perú para frenar las inversiones chinas en nuestro país”. La tensión entre los intereses de ambas potencias deja a Perú en una encrucijada: ¿riesgo real para el capital chino o presión política? Trump refuerza su mensaje contra el narcotráfico y alerta sobre amenazas en el hemisferio occidental. China, potencia de ese lado del charco, es también el socio más importante del Perú, junto a Estados Unidos. Foto: EFE

El capital chino, según detalla Acosta, controla actualmente el 100% de las empresas eléctricas en Lima Metropolitana y participa en operaciones mineras, además de administrar el Megapuerto de Chancay, el más importante de la región. También ha mostrado interés en construir infraestructura ferroviaria, carreteras y puertos a lo largo de la “nueva ruta de la seda china”, y mantiene inversiones significativas en los sectores eléctrico, petrolero, pesquero y financiero, con presencia de ICBC y Bank of China. Durante la inauguración del Megapuerto de Chancay, el presidente chino Xi Jinping destacó que el terminal consolidaría al Perú como un eje de conexión entre Asia y América Latina, una declaración que no pasó desapercibida en Washington. De hecho, la administración de Donald Trump llegó a advertir la imposición de aranceles de hasta 60% a productos que transiten por Chancay, en una señal de que la infraestructura también se ha convertido en un campo de disputa geoeconómica.

¿Cómo será la carretera de casi 15 kilómetros que intentará mejorar el acceso al megapuerto de Chancay? | Composición EC: 24 Horas (YouTube)

No obstante, el director ejecutivo de Videnza Instituto, Luis Miguel Castilla, descarta que el discurso de Donald Trump desplace o aleje a las inversiones chinas en Perú, ya que se dirige más a vecinos como Colombia o Venezuela, marcados por los vínculos del narcotráfico y organizaciones terroristas. Si bien el mensaje confrontacional no alienta un clima de confianza regional, Castilla descarta que haya un giro abrupto en la relación económica Perú-China, y mucho menos, una revisión de contratos o retiro de inversiones ya instaladas.

En el frente financiero, el exministro de Economía advierte que las elecciones generales del 2026 pueden representar un riesgo si surge un candidato que altere las reglas del juego económico o proponga políticas radicales. “Ahí sería un escenario completamente distinto (...) pero de todos modos, los inversionistas saben discriminar entre países y el Perú mantiene una buena calificación crediticia”, argumenta Castilla. No obstante, considera poco probable que el clima geopolítico actual afecte la percepción de los inversionistas europeos o globales sobre el Perú. Destaca que el país conserva una buena calificación crediticia, un historial sólido como pagador y un creciente interés de inversionistas extranjeros en sus bonos soberanos, según datos del Banco Central. Fernando Cuadros Concha

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