Importantes daños materiales
El terremoto, que alcanzó el máximo nivel en la escala japonesa de 7 niveles —centrada en medir la agitación en la superficie y el potencial destructivo—, se registró por primera vez con esa intensidad desde el sismo que golpeó la península de Noto en 2024 y dejó 400 muertos. La prefectura de Kumamoto, epicentro del temblor, ya había sufrido en 2016 un devastador terremoto de magnitud 7 que causó más de 200 víctimas mortales.
Según la agencia meteorológica japonesa (JMA), el sismo ocurrió a las 16:27 hora local (07:27 GMT), con epicentro a unos 10 kilómetros de profundidad bajo Kumamoto, en la isla de Kyushu. Inicialmente se emitió una alerta por tsunami, pero ya fue retirada. La primera ministra Sanae Takaichi afirmó en X que se han registrado heridos, “así como el colapso de edificios, daños en carreteras e incendios, entre otros”. Aunque las autoridades no han confirmado víctimas mortales, el balance incluye decenas de heridos.
Los daños materiales incluyen el derrumbe parcial del muro del castillo de Kumamoto y la caída de una gigantesca chimenea en una fábrica papelera, según imágenes de NHK. El seísmo provocó cortes de electricidad en 48 000 hogares en la prefectura suroccidental. Las autoridades descartaron anomalías en dos centrales nucleares cercanas. El ministro de Defensa, Shinjiro Koizumi, informó que se desplegaron 3 600 miembros de las Fuerzas de Autodefensa para apoyar las labores de búsqueda y rescate.
Japón, ubicado sobre el Anillo de Fuego del Pacífico —una de las zonas sísmicas más activas del planeta—, experimenta terremotos con frecuencia. Por ello, sus infraestructuras han sido diseñadas específicamente para resistir los movimientos telúricos. Esta preparación es clave ante eventos como el reciente sismo de magnitud 7.1 que sacudió el país, dejando al menos un muerto, decenas de heridos y considerables daños materiales, según el nuevo balance. La región de Kumamoto fue una de las más afectadas, con medio centenar de heridos reportados. Las autoridades continúan evaluando los estragos mientras la población, acostumbrada a estos fenómenos, sigue los protocolos de seguridad establecidos. La infraestructura antisísmica japonesa, resultado de décadas de experiencia, busca mitigar los efectos de estos movimientos telúricos que, aunque frecuentes, no siempre provocan víctimas fatales.
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