Un fósil de un diminuto animal marino de 518 millones de años, hallado en el sur de China, ha proporcionado la evidencia más antigua conocida de los quelíceros, los apéndices que evolucionaron hasta convertirse en los colmillos de las arañas y las pinzas de escorpiones y otros artrópodos. El hallazgo fue publicado en la revista Nature y representa un paso clave para entender la evolución de este grupo.

El espécimen estudiado pertenece a Urokodia, una criatura cuyos restos permanecieron ocultos en las rocas durante cientos de millones de años. Mediante tomografía de rayos X, los científicos lograron observar estructuras internas que eran invisibles desde el exterior, lo que permitió reconstruir una etapa crucial en la historia evolutiva de los quelicerados. Este grupo incluye no solo a las arañas y escorpiones, sino también a garrapatas y cangrejos herradura, con más de 100.000 especies descritas en la actualidad, todas caracterizadas por ese par de apéndices frontales.

Los quelíceros son precisamente el rasgo distintivo de este linaje. El fósil de Urokodia, que data del Cámbrico, muestra la forma más primitiva de estas estructuras, ofreciendo una ventana directa al momento en que comenzaron a desarrollarse. Según los investigadores, este descubrimiento ayuda a explicar cómo un animal marino de hace más de 500 millones de años terminó dando origen a los colmillos venenosos de las arañas modernas.

Representación artística de la antigua especie marina, Urokodia. Foto: Xiaodong Wang Forma general del cuerpo de Urokodia en macrofotografía. Foto: Universidad de Leicester

Forma general del cuerpo de Urokodia en macrofotografía. Foto: Universidad de Leicester

Según el nuevo estudio, el origen de los quelíceros —apéndices que en las arañas modernas se transformaron en colmillos venenosos— se remonta a un antiguo habitante de los océanos del período Cámbrico. Los investigadores descubrieron que Urokodia, una criatura que vivió hace 518 millones de años, ya poseía pequeñas extremidades con forma de pinza detrás de los ojos, lo que constituye la evidencia más antigua conocida de estas estructuras. Con el paso de millones de años, esas pinzas cambiaron de forma y función: en las arañas dieron lugar a los colmillos para sujetar presas e inocular veneno, mientras que en otros quelicerados evolucionaron hacia pinzas para capturar y manipular alimento.

Los fósiles de Urokodia provienen del yacimiento de Chengjiang, en la provincia china de Yunnan, famoso por conservar con extraordinario detalle organismos marinos de los albores de la evolución animal. El estudio se publicó coincidiendo con el 42.º aniversario del descubrimiento de este importante depósito paleontológico. La criatura medía entre 2 y 3 centímetros de largo, con un cuerpo estrecho y segmentado, patas articuladas en la parte inferior y grandes ojos sobre pedúnculos. Su aspecto era tan diferente al de las arañas y escorpiones actuales que resultó imposible determinar su parentesco solo con la apariencia externa.

Anatomía blanda en la cabeza de Urokodia expuesta mediante análisis de rayos X. Foto: Universidad de Leicester

Anatomía blanda en la cabeza de Urokodia expuesta mediante análisis de rayos X. Foto: Universidad de Leicester

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¿Cómo revelaron los rayos X la anatomía oculta de Urokodia?

Para resolver el enigma, los investigadores recurrieron a la tomografía de rayos X, una técnica similar a las exploraciones médicas que captura imágenes desde múltiples ángulos para reconstruir el interior de un objeto sin dañarlo. Así pudieron examinar el fósil sin necesidad de romper la roca que lo protegía, accediendo a partes del organismo que permanecían encerradas y donde aún se conservaban detalles anatómicos invisibles desde la superficie. Las imágenes revelaron que gran parte de los tejidos blandos se mantenía en un estado comparable al de una momificación, un hecho excepcional porque estas estructuras suelen desaparecer poco después de la muerte del organismo.

El hallazgo más significativo apareció justo detrás de los ojos: un par de pequeñas extremidades con forma de pinza. Su posición y características confirmaron que se trataba de los primeros quelíceros conocidos. Además, el estudio identificó estructuras similares a las branquias en libro, órganos respiratorios que hoy poseen los cangrejos herradura, lo que sugiere que Urokodia respiraba de forma parecida. “Utilizábamos la tomografía de rayos X para revelar la anatomía de los tejidos blandos ocultos en las rocas durante cientos de millones de años cuando, de repente, observamos unas extremidades con forma de pinza en la parte frontal del animal. Supimos de inmediato que se trataba de un fósil muy emocionante y de un ancestro lejano de los quelicerados actuales, como los escorpiones y las arañas”, explicó el profesor Yu Liu, de la Universidad de Yunnan.

El hallazgo de *Urokodia* sitúa el origen de los quelíceros en los océanos hace más de 500 millones de años, ofreciendo una pieza clave para entender la evolución de uno de los grupos de artrópodos más exitosos. Según los investigadores, este fósil representa un puente entre las formas más antiguas de quelicerados y las especies actuales. Su anatomía revela el momento exacto en que aparecieron las estructuras que luego dieron lugar a una gran diversidad de herramientas para capturar alimento, desde las pinzas de los escorpiones hasta los colmillos de las arañas. Mark Williams, de la Escuela de Geografía, Geología y Medio Ambiente de la Universidad de Leicester, destacó que "*Urokodia* formó parte de un antiguo ecosistema compuesto por más de 200 tipos de animales que vivían en los mares hace más de 500 millones de años". El científico agregó que estos fósiles, "extraordinariamente conservados, ofrecen una visión única de cómo evolucionaba la vida en nuestro planeta en los albores de los animales". El descubrimiento no solo aclara el origen de las arañas, sino que también aporta información crucial sobre la evolución temprana de la vida en la Tierra.

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