Un ejemplar adulto de Chiniquodon theotonicus, hallado en el noroeste de Argentina, podría obligar a replantear el origen de la reproducción vivípara en el linaje que dio paso a los mamíferos. El animal, que habitó la Tierra durante el período Triásico hace unos 236 millones de años, habría sido vivíparo, según un nuevo estudio publicado en 'Frontiers in Mammal Science'.

La clave del descubrimiento está en una línea de crecimiento neonatal, una marca microscópica que aparece en los huesos y que se asocia al brusco cambio en el ritmo de crecimiento que ocurre tras el nacimiento. Esa huella, que también se encuentra en animales actuales, permitió a los científicos estimar el peso que tenía el espécimen al momento de llegar al mundo.

"Mostramos por primera vez que el nacimiento de crías vivas estaba presente en al menos un ancestro de los mamíferos, Chiniquodon theotonicus, que vivió hace aproximadamente 236 millones de años", afirmó el paleontólogo Leandro Gaetano, autor principal del trabajo e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de Argentina.

El equipo analizaba la estructura microscópica de los huesos del ejemplar cuando detectó esa marca, formada alrededor del momento del parto. El hallazgo desafía las cronologías tradicionales sobre cuándo apareció la estrategia de dar a luz crías vivas, un rasgo que hasta ahora se asociaba a etapas mucho más recientes de la evolución de los mamíferos.

Un ancestro mamífero dio a luz crías vivas mucho antes de lo que se pensaba. Foto: María de los Ángeles Miceli Baro

Una marca en los huesos que guarda la historia del nacimiento

La investigación se centró en un ejemplar de C. theotonicus descubierto en el noroeste de Argentina, perteneciente al linaje evolutivo que condujo a los mamíferos. Los investigadores sostienen que esta especie pudo haber sido vivípara, lo que retrasaría en millones de años la aparición de este tipo de reproducción.

Cráneo del individuo Chiniquodon theotonicus utilizado en este estudio. Foto: Leandro Gaetano

Cráneo del individuo Chiniquodon theotonicus utilizado en este estudio. Foto: Leandro Gaetano

El porcentaje estimado para C. theotonicus fue del 14% de la masa corporal del adulto, una cifra que se ubica dentro del rango observado en los mamíferos placentarios actuales. Ese hallazgo llevó a los investigadores a sostener que el animal no ponía huevos, sino que desarrollaba a sus crías dentro del cuerpo. La señal analizada permitió calcular que el ejemplar pesaba unos 1,7 kilogramos al nacer y alcanzó cerca de 12 kilogramos antes de morir.

Para interpretar ese dato, el equipo comparó la información con miles de mamíferos, reptiles y aves contemporáneos. La comparación arrojó una diferencia llamativa: los reptiles de tamaño similar suelen producir crías extremadamente pequeñas en relación con su cuerpo, que representan apenas entre el 0,1% y el 0,6% de la masa corporal de los adultos. Las aves presentan proporciones mayores pero todavía reducidas, de aproximadamente 1,3% a 4,5%. En contraste, algunos mamíferos de tamaño comparable pueden tener crías que equivalen hasta cerca del 19% de su masa.

"Si los antepasados de los mamíferos ponían huevos o eran vivíparos, ha sido un misterio difícil de resolver", señaló Gaetano. "Desarrollamos un conjunto de métodos bastante ingenioso para abordar algo que resulta muy difícil de analizar en el registro fósil". El científico agregó: "Nos sorprendió descubrir que C. theotonicus se agrupaba con los mamíferos placentarios actuales y que se diferenciaba claramente de otros amniotas, como los reptiles y las aves".

La marca hallada en los huesos del fósil no evidencia directamente un embarazo ni un embrión, pero sí ofrece una pista excepcional sobre una característica reproductiva que habría aparecido mucho antes de que existieran los primeros mamíferos propiamente dichos. El estudio plantea que la viviparidad pudo existir entre 90 y 95 millones de años antes de lo que se pensaba, ya que hasta ahora se la consideraba un rasgo que surgió relativamente tarde en la evolución de este grupo.

Los cinodontos habitaron durante el Triásico, un período de grandes transformaciones ecológicas posterior a una de las extinciones masivas más devastadoras de la historia. En ese escenario, la competencia por los recursos, la presión de los depredadores y unas condiciones cada vez más áridas y estacionales pudieron impulsar estrategias reproductivas que protegieran mejor a los embriones.

"Es muy posible que C. theotonicus no sea un caso aislado de viviparidad entre los cinodontos. Podría ser una evidencia de un cambio general de la puesta de huevos al nacimiento de crías vivas en una etapa temprana del linaje de los mamíferos. Pero necesitamos más pruebas para poner a prueba esta hipótesis", concluyó Gaetano.

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