La geología moderna ha desmentido la imagen que muestran los mapas escolares tradicionales, donde la cordillera de los Andes parece terminar en Tierra del Fuego. En realidad, esta megaestructura no se limita a su porción emergida: un tramo sumergido bajo el océano Austral forma parte de un gran sistema tectónico que une dos continentes. Investigadores han revelado que el relieve continental se hunde en el mar en el extremo meridional de Sudamérica y se transforma en el Arco de Scotia, un vasto entramado compuesto por dorsales submarinas, bloques terrestres y bancos oceánicos.
Esa continuidad estructural se explica por la historia geológica del antiguo supercontinente Gondwana y la tectónica de placas. "El Arco de Scotia une los Andes más australes con la Península Antártica", sintetiza un estudio publicado en Annual Review of Earth and Planetary Sciences, que ratifica un vínculo que perdura bajo el nivel del mar desde antes de la formación del Pasaje de Drake. Este puente geológico conecta Sudamérica con el polo sur mediante el choque constante entre las placas Sudamericana, Antártica, Scotia y Sandwich del Sur.
La conexión entre ambos continentes comenzó hace unos 80 millones de años, un proceso que alteró la dinámica de la Corriente Circumpolar Antártica, un factor clave para el clima global. Así, la cordillera de los Andes no concluye en el sur del continente americano: su influencia tectónica se extiende de forma directa hacia la Antártida, desafiando la noción tradicional de sus límites geográficos.
Mapa circumantártico con abreviaturas de cuencas, montañas, islas, dorsales y rifts principales de la región. Foto: ScienceDirect
Una reciente revisión científica define al Arco de Scotia como un bucle de montañas y dorsales submarinas parcialmente emergidas que conecta Sudamérica con la Antártida. A lo largo del trayecto marítimo afloran crestas rocosas que forman archipiélagos emblemáticos como la isla de los Estados, Georgia del Sur, las Sándwich del Sur, las Orcadas del Sur y las Shetland del Sur. Al tocar suelo blanco, la cadena emerge con el nombre de Antartandes dentro de la península antártica. Ambas formaciones comparten composición rocosa, génesis tectónica y desarrollo geodinámico. Los especialistas señalan que no se trata de una cordillera continua bajo el mar, sino de un mismo sistema orogénico fragmentado por la apertura del Pasaje de Drake y el origen del mar de Scotia hace millones de años.
Anomalías magnéticas en mares de Scotia y Weddell con isócronas cronológicas coloreadas según su edad. Foto: ScienceDirect
Reconstrucciones con el programa geológico GPlates recrearon 182 millones de años de historia geodinámica. El análisis determinó que la subducción en las islas Sandwich del Sur inició hace unos 80 millones de años, mientras que el Pasaje de Drake comenzó su apertura inicial hace aproximadamente 50 millones de años debido a reajustes tectónicos.
Reconstrucción de Hall (2002): subducción australiana bajo Sunda y formación del Mar de Banda como analogía de Scotia. Foto: ScienceDirect
Reconstrucción cinemática del Mar de Scotia desde 80 Ma, mostrando límites de placas, fosa de las Sandwich y Tierra del Fuego. Foto: ScienceDirect
La expansión de esta cuenca oceánica, según los científicos, modificó la circulación de los mares y aisló al continente helado, un evento crucial para el desarrollo climático terrestre. Ese proceso facilitó la formación de la Corriente Circumpolar Antártica, clave en la regulación térmica del planeta. El estudio sostiene que fragmentos de corteza terrestre sudamericana y antártica se integraron en una misma placa tectónica superior. La delaminación, según los autores, permitió transferir parte de la corteza continental sudamericana a esa placa, lo que explica la presencia actual de microcontinentes e islas con rasgos geológicos compartidos en el océano Austral.
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