En el corazón del árido desierto de Ica, rodeada por enormes dunas, la laguna de Huacachina se erige como un ecosistema fascinante que despierta la curiosidad científica. Aunque diversas leyendas intentan explicar su origen en uno de los parajes más secos del Perú, su verdadera formación responde a complejas dinámicas hidrogeológicas iniciadas hace milenios.

Especialistas del Instituto Geológico, Minero y Metalúrgico (Ingemmet) investigan los mecanismos que sostienen este depósito natural. César Chacaltana Budiel, director de Geología Regional de la entidad, explicó a la Agencia Andina que la cuenca "forma parte de nuestra geodiversidad y es un manantial surgido de la filtración del agua subterránea", lo que evidencia la fragilidad e importancia de esta maravilla natural.

La sobreexplotación del acuífero Ica-Villacurí amenaza la laguna de Huacachina, que casi colapsó en 1978. Investigaciones advierten sobre el riesgo crítico de su extinción si no se gestionan adecuadamente los recursos hídricos.

El origen del agua que mantiene con vida el oasis proviene de las lluvias estacionales sobre la cordillera de los Andes. Esas precipitaciones se filtran gradualmente en el terreno, cruzan las grietas de las rocas y abastecen el acuífero de Ica. El reservorio subterráneo halla un flujo de salida hacia la cuenca del desierto y genera el manantial natural que da vida al paraje en medio del entorno árido.

La sobreexplotación del acuífero Ica-Villacurí amenaza la laguna de Huacachina, que casi colapsó en 1978. Investigaciones advierten sobre el riesgo crítico de su extinción si no se gestionan adecuadamente los recursos hídricos.

El especialista Chacaltana sintetiza el fenómeno de la siguiente manera: “Al buscar una salida, el agua aflora a la superficie y, en este caso, se ha formado en un ambiente donde hay mucha arena. Se trata de una recarga natural debajo de la superficie”. Esta naciente, según documenta la investigación *Hidrogeología de la cuenca del río Ica* elaborada por Ingemmet, crea las condiciones ideales para el desarrollo de flora, fauna y asentamientos humanos. El oasis no depende de las escasas precipitaciones costeras, sino del recurso hídrico almacenado bajo el suelo. Su característico tono verde responde a la presencia de fitoplancton y microalgas, impulsados por las propiedades fisicoquímicas del ecosistema. Este fenómeno biológico consolida a Huacachina como uno de los destinos fotográficos más emblemáticos de Sudamérica. Sin embargo, durante el siglo XX, la sobreexplotación del acuífero Ica-Villacurí para el consumo agrícola agotó la fuente subterránea del oasis. Como resultado, el manantial perdió su caudal y el estanque casi colapsó hacia 1978. A partir de ese momento, la conservación del cuerpo de agua depende de la extracción mediante pozos mecánicos para evitar su extinción definitiva. La investigación “Balance hídrico del oasis de Huacachina”, publicada en la revista científica South Sustainability, confirmó que el oasis no se recarga por lluvias. El estudio registró una evaporación media de 7,7 milímetros diarios y una infiltración de 0,55 milímetros por hora, evidenciando un drenaje y desbalance constantes en el ecosistema desértico. A pesar de ello, el informe reveló que el volumen de ingreso superó lo previsto con un superávit del 11,5%. Los expertos atribuyen este excedente a filtraciones invisibles en las tuberías potables y de alcantarillado circundantes. Sin embargo, advierten que esas fugas no son sostenibles: “Si el bombeo disminuye, continúa la sobreexplotación del acuífero o los efectos del cambio climático reducen la disponibilidad de agua subterránea, Huacachina podría volver a enfrentar un escenario similar al de finales de la década de 1970”.

Leer artículo completo en larepublica.pe →