El miércoles 15 de julio pasado, mientras Keiko Fujimori recibía sus credenciales como la primera mujer presidenta del país elegida por votación popular, recordé que un día como ese, hace 34 años, un grupo de senderistas acondicionaba en la clandestinidad 250 kilos de explosivos en dos coches bomba que los haría estallar al día siguiente en la calle Tarata, en Miraflores. Aquel atentado dejó 25 muertos, 250 heridos, 180 casas destruidas o dañadas, 400 negocios en ruinas y 63 automóviles inservibles. Sendero Luminoso, la secta terrorista que había desatado una ola de sangre en el interior del país, anunciaba con eso que había llegado a Lima.
Desde el próximo 28 de julio, Keiko ya no tendrá que enfrentar a Sendero, como lo hizo su padre. Ahora le toca combatir a otro flagelo, tan peligroso como Sendero: la criminalidad organizada y el miedo que se está instalando en el país por la delincuencia. Las extorsiones, los asesinatos de transportistas, los pequeños negocios que quiebran porque no pueden pagar cupos, las granadas que vuelan locales comerciales, son sucesos que ocurren diariamente. Ahora los ataques se han extendido a las empresas interprovinciales de transporte, como CIVA, Z Buss, Cruz del Norte y otras más.
Una encuesta publicada por Datum la semana pasada corrobora lo que se afirma líneas arriba: tres de cada cuatro peruanos respondieron que combatir la inseguridad es la primera prioridad que debe enfrentar el nuevo gobierno. En su campaña electoral, Fujimori propuso la creación de centros de comando y videovigilancia en las 24 regiones, el uso de mil patrulleros inteligentes y la instalación de diez mil cámaras de videovigilancia. Todo eso es bueno. Sin embargo, de acuerdo con varios expertos con los que este columnista ha conversado, la estrategia debe centrarse en la labor de inteligencia y la alta tecnología.
El reto para Keiko Fujimori es claro: la población le exigirá resultados rápidos en la lucha contra la inseguridad. De no ocurrir, el descontento reemplazará al optimismo actual, y los sectores de izquierda —especialmente los medios que abundan en redes sociales— serán los primeros en crear el caos. “El reto, señora Fujimori, está planteado”, advierte el autor de la columna.
Para enfrentar ese desafío, el ministro del Interior que designe deberá ser una persona con experiencia, personalidad y carácter. “No un improvisado que esté en el cargo por poco tiempo, como ha ocurrido con el régimen izquierdista que se va”. Además, ya debería estar trabajando en armar sus cuadros en la alta cúpula policial operativa.
Uno de los problemas de fondo que deberá resolver es la falta de unificación de los grupos de inteligencia en las diferentes divisiones policiales. “Uno es más celoso que el otro en el manejo de la información que obtienen y no la comparten”, explica uno de los entrevistados. La metáfora que utiliza es reveladora: “Es como un muñeco. Por ejemplo, un grupo tiene la cabeza, otro el brazo, otro las piernas, pero nunca se juntan para compartir las valiosas informaciones que recogen en el campo, y luego diseñar un plan o una estrategia unificada para golpear letalmente a la delincuencia. No hay un ente que unifique o que sancione a los que no comparten la información”.
No será fácil, pero la columna cierra con un mensaje directo: “Nos vemos el otro martes”.
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