Entre el 2019 y el 2024, la proporción de peruanos urbanos que pagaba solo con efectivo se desplomó de 88% a 63%, mientras que el uso frecuente de billeteras digitales saltó de 2.5% a 34% de la población. Aunque el fenómeno comenzó en Lima y en los sectores de mayores ingresos, la brecha se acorta: en los segmentos D y E, ese indicador pasó de 0.5% en 2021 a casi 20% en 2024. En 2025, la tendencia se aceleró aún más.

Al primer semestre de 2025, cada peruano realizó en promedio 1.6 pagos digitales por día. Las transferencias a través de billeteras crecieron 70% en número respecto al mismo periodo del año anterior, y el sistema procesó un promedio de 1,106 millones de operaciones de bajo valor al mes, un 62% más que un año atrás. Por primera vez, las billeteras superan en volumen y en monto a las tarjetas de débito y crédito combinadas. El ticket promedio de las transacciones vía billetera cayó de S/ 62 en 2022 a S/ 46 en el primer semestre de 2025, lo que indica que estas plataformas están penetrando en compras pequeñas que antes solo se hacían en efectivo.

Son cifras que reflejan una transformación real, acelerada y más amplia de lo que muchos perciben. Sin embargo, todo esto ha ocurrido en un ecosistema de pagos todavía relativamente cerrado, con pocos actores dominantes y reglas que recién están cambiando. Lo que se viene con la implementación de las nuevas fases de la estrategia de interoperabilidad del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) alterará ese ecosistema de manera más profunda.

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Tener una billetera digital aumenta entre 6 y 10 puntos porcentuales la probabilidad de acceder a un crédito formal. (Foto: iStock)

¿Cómo llegamos hasta aquí?

El Banco Central de Reserva (BCR) comenzó a escribir una parte clave de esta historia desde el 2023, cuando lanzó las dos primeras fases de su estrategia de interoperabilidad. Primero conectó Yape y Plin, permitiendo transferencias entre usuarios de una y otra billetera; luego integró los aplicativos bancarios y los códigos QR al mismo ecosistema. A junio del 2025, el resultado son más de 183 millones de transacciones interoperables al mes, con un crecimiento interanual del 70%. Los impactos en la vida cotidiana ya son reales y medibles. La evidencia econométrica revela que los hogares que usan billeteras digitales gastan un 3% más al mes, sobre todo en alimentos, transporte y cuidado del hogar. Además, tener una billetera aumenta entre 6 y 10 puntos porcentuales la probabilidad de acceder a un crédito formal. Para las familias de los sectores C y DE, esto no es menor: los trabajadores informales con acceso a crédito tienen una probabilidad de caer en pobreza que es un tercio menor que la de quienes no acceden al crédito. Para los negocios, la historia también cambia. Según una encuesta de Mastercard y America’s Market Intelligence aplicada en el Perú, las mype que adoptan pagos digitales reportan más ventas, mayor seguridad y registro automático de transacciones. A nivel del sistema financiero, la evidencia internacional apunta en una dirección clara. En Brasil, los márgenes de los bancos tradicionales se vieron presionados y se aceleró el acceso a crédito en la población de menores ingresos luego del lanzamiento de Pix. En el Perú, los datos sugieren que ese proceso está en marcha, aunque todavía en etapas muy tempranas.

El punto de quiebre: lo que cambia con las nuevas fases

El sistema actual de billeteras digitales y bancos funciona como rieles paralelos donde cada institución opera solo con sus clientes, la información del usuario queda encerrada y la entrada de nuevos competidores es difícil. Ese límite estructural es lo que buscan romper las Fases 3 y 4 de la estrategia de interoperabilidad del BCR. La Fase 3 integra a los emisores de dinero electrónico que hoy operan en circuitos separados, mientras que la Fase 4 introduce la “iniciación de pagos”: cualquier empresa autorizada podrá, con el consentimiento explícito del usuario, iniciar un pago desde su cuenta bancaria sin que el usuario tenga cuenta en esa empresa. En la práctica, plataformas de e-commerce, apps de logística o empresas de salud se conectarán directamente al sistema de pagos sin depender de acuerdos con cada banco. Esto reduce barreras de entrada, abre espacio para nuevos modelos de negocio y permite que el financiamiento o los seguros se integren en aplicaciones que hoy no tienen relación con el sistema financiero. Estamos hablando, en suma, del inicio del open finance en el Perú.

Lo que determinará si esto se aprovecha bien

Que este cambio derive en más competencia e innovación no es automático. Tres condiciones son críticas. La primera es la confianza: el 41% de los no bancarizados cita la desconfianza como razón principal para mantenerse fuera del sistema, y un modelo de iniciación de pagos que no resuelva de manera creíble las preguntas sobre seguridad de datos y fraude puede generar el efecto contrario al buscado. La segunda es la cobertura: el 64% de la población no alcanza el nivel mínimo de conocimiento financiero y la conectividad en zonas rurales sigue siendo insuficiente. La tercera es la ejecución: las reglas del juego para las Fases 3 y 4 se están terminando de definir, y en esas definiciones –los incentivos reales para que los bancos abran su infraestructura, los estándares exigibles a los nuevos participantes– se juega si el nuevo marco funcionará para todos o solo para algunos.

La expansión de las billeteras digitales ha sido extraordinaria y ha probado que, con una regulación que funcione bien, el mercado responde. Sin embargo, esto solo representa el primer capítulo de algo más grande. El segundo —más abierto, más competitivo y más complejo— ya está en proceso de escribirse. Así lo señala José Carlos Saavedra, socio y economista principal de Apoyo Consultoría.

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