Un nuevo estudio publicado en la revista 'Science Advances' revela que la roca espacial que desencadenó la extinción masiva de los dinosaurios hace unos 66 millones de años pertenecía a una clase de meteorito extremadamente rara: una condrita carbonácea de tipo CO, también conocida como condrita de la clase Ornans. Se trata de un tipo de meteorito muy poco frecuente que representa una fracción mínima de las ya escasas condritas carbonáceas, las cuales constituyen apenas el 5% de los ejemplares analizados hasta ahora en la Tierra.

El impacto de este enorme meteorito contra la Tierra desencadenó una de las mayores extinciones masivas conocidas, acabando con alrededor del 75% de las especies del planeta, incluidos los dinosaurios no aviares. Mediante un análisis detallado de restos conservados desde hace 66 millones de años, los investigadores concluyeron que el objeto que provocó ese cataclismo pertenecía a esa clase de meteoritos "extraña".

El meteorito que impactó la Tierra sigue siendo un misterio; su origen posiblemente provenga de regiones lejanas del sistema solar. El estudio aporta una pista clave sobre la identidad de la roca espacial que cambió para siempre la historia de la vida en la Tierra.

Representación de un asteroide impactando contra los mares tropicales de la península de Yucatán. Foto: NASA Residuo del impacto del Cretácico-Paleógeno. Capa límite KT oscura y rica en arcilla en Stevn's Klint, Dinamarca, utilizada en el estudio. Foto: Dr. Philippe Claeys.

Residuo del impacto del Cretácico-Paleógeno. Capa límite KT oscura y rica en arcilla en Stevn's Klint, Dinamarca, utilizada en el estudio. Foto: Dr. Philippe Claeys.

Un equipo internacional de científicos, liderado por la Universidad de Columbia Británica (UBC) y con participación de especialistas de París, Bruselas y Viena, ha determinado que el meteorito que exterminó a los dinosaurios pertenece a una clase "extraña". Para llegar a esa conclusión, los investigadores analizaron con alta precisión los isótopos de níquel presentes en muestras de la fina capa de arcilla que se formó tras el impacto y que se distribuyó por distintas partes del mundo.

El doctor Philippe Claeys, profesor visitante en la UBC y parte del estudio, señaló que "los condritos carbonáceos de la clase Ornans no se parecen en nada a los meteoritos típicos que se encuentran en las colecciones de los museos". Este tipo de meteorito, conocido como CO, contiene cantidades mucho menores de elementos volátiles como carbono, zinc, agua y, sobre todo, azufre, en comparación con otros hallados en la Tierra.

Según Claeys, esto "no altera nuestra teoría sobre la causa de la extinción, pero reduce la probabilidad de que el azufre contenido en el impactor fuera la causa principal". En cambio, explicó que "los finos fragmentos lanzados a la atmósfera habrían sido el factor determinante". El hallazgo, basado en el análisis de la capa límite KT en lugares como Stevn's Klint, Dinamarca, modifica lo que se sabía sobre la composición del objeto que chocó contra la Tierra hace 66 millones de años.

El investigador Claeys resumió la situación señalando que "el hecho de que un proyectil tan raro y lejano les impactara subraya la mala suerte que tuvieron los dinosaurios". El equipo recordó que solo una pequeña parte del meteorito pudo conservarse, ya que la roca espacial se vaporizó por completo al estrellarse contra la superficie terrestre. "Este es un trabajo complejo. Solo una pequeña fracción del proyectil se conserva en la capa de arcilla K-Pg del planeta, ya que el meteorito se vaporizó por completo al impactar", explicó el científico. El impactador tenía entre 10 y 15 kilómetros de diámetro y viajaba a unos 64.000 kilómetros por hora cuando formó el cráter de Chicxulub, hoy enterrado bajo la península de Yucatán, en México. Aunque el estudio permitió identificar con mayor precisión el tipo de meteorito responsable de la catástrofe, su origen sigue siendo un misterio. Los científicos consideran que pudo proceder de regiones lejanas del sistema solar exterior o del borde externo del cinturón de asteroides, cerca de Júpiter.

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