El llamado síndrome de la víctima no figura como un trastorno psicológico en manuales internacionales como el DSM-5 o la CIE-11, pero la psicología reconoce procesos como la indefensión aprendida, en los que una persona siente que, haga lo que haga, nada cambiará. Esta sensación suele aparecer tras vivir repetidas situaciones de impotencia o sufrimiento. Aunque no es un diagnóstico médico, describe un patrón de pensamiento que puede tener un impacto importante en la salud mental y emocional.

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La psicóloga Massiel Martel de Psiel explica que este síndrome es una forma de interpretar la realidad en la que la persona siente que los problemas siempre ocurren por culpa de otros o de las circunstancias y que tiene muy poco control sobre su vida. Todos, en algún momento, podemos sentir que la vida es injusta o que las circunstancias juegan en nuestra contra, pero cuando esa sensación se vuelve permanente y la persona cree que no tiene ninguna capacidad para cambiar lo que le sucede, podría estar desarrollando este patrón.

Los especialistas aclaran que esto no significa que la persona nunca haya sido una víctima real. De hecho, este patrón suele aparecer después de experiencias muy dolorosas, como violencia, abandono o relaciones dañinas. El problema surge cuando esas vivencias terminan convirtiéndose en la principal manera de interpretar todo lo que ocurre. Martel también ofrece algunos consejos para superar esta condición.

¿Por qué aparece este patrón?

Este patrón no surge de un día para otro, sino que puede desarrollarse tras experiencias como violencia física o psicológica, abandono, bullying, relaciones controladoras o tóxicas, pérdidas importantes o situaciones en las que la persona sintió que no tenía control. Con el tiempo, se instala la idea de que cualquier esfuerzo será inútil, limitando la capacidad para afrontar nuevos desafíos.

Señales de una mentalidad de víctima

Los especialistas advierten que no se debe etiquetar a alguien por una conducta aislada, pero existen señales que, cuando se mantienen de manera constante, pueden indicar este patrón: culpar siempre a otras personas de lo que ocurre, sentir que nunca existe responsabilidad propia en los conflictos, creer que nada de lo que haga cambiará la situación, interpretar muchas situaciones como injusticias personales y sentirse constantemente sin herramientas para resolver los problemas. La diferencia está en que estos pensamientos dejan de ser pasajeros y comienzan a afectar la vida cotidiana.

¿Le puede pasar a cualquier persona?

Sí. No existe una edad ni un perfil específico. Puede afectar tanto a hombres como a mujeres. Lo que cambia suele ser la forma de expresar el malestar: algunas personas buscan apoyo constantemente, mientras que otras reaccionan con enojo, resentimiento o frustración.

¿Cómo se puede superar?

Una de las primeras recomendaciones es evitar frases como “deja de hacerte la víctima”, ya que solo invalidan el dolor de quien atraviesa esta situación. En terapia psicológica se trabaja para comprender el origen de estos pensamientos y ayudar a la persona a recuperar la sensación de que sí tiene herramientas para afrontar los problemas.

El tratamiento, según los especialistas, se centra en fortalecer la autoestima, la regulación emocional, los patrones de pensamiento, la capacidad para tomar decisiones y la confianza en los propios recursos. Un ejercicio práctico para empezar es preguntarse: “¿Qué parte de esta situación sí está en mis manos?”. La meta no es restarle importancia al dolor, sino recuperar gradualmente la habilidad de actuar sobre lo que sí puede modificarse.

¿Cuándo es momento de buscar ayuda psicológica? Si la sensación de que todo depende de los demás se vuelve constante y empieza a perjudicar las relaciones personales, el trabajo o el bienestar emocional, lo recomendable es acudir a un profesional de la salud mental.

Los especialistas recuerdan que ser víctima de una situación dolorosa es una realidad que merece reconocimiento y apoyo, pero instalarse únicamente en ese rol puede limitar el crecimiento personal. Sanar implica validar el sufrimiento y, al mismo tiempo, recuperar la capacidad de decidir, actuar y construir una vida diferente.

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