Médicos especialistas consideran que el estrés no es una causa directa del cáncer.

Durante mucho tiempo se pensó que el cáncer era casi exclusivamente una cuestión de herencia genética. Hoy, la evidencia científica muestra que su desarrollo es el resultado de una compleja interacción entre factores biológicos, ambientales y de estilo de vida. En ese conjunto, el estrés crónico ha ganado atención, pero los especialistas son claros: no debe ser visto como una causa directa de la enfermedad.

En el Perú, el cáncer es uno de los mayores desafíos de salud pública. Según datos de Globocan 2022, cada año se diagnostican más de 70.000 nuevos casos y alrededor de 35.000 personas pierden la vida por esta causa. Frente a estas cifras, los expertos insisten en la necesidad de controlar los factores de riesgo modificables y fortalecer la detección temprana.

La ginecóloga oncóloga Alais Alvarado explicó a La República que, hasta ahora, no hay evidencia científica que demuestre que el estrés, por sí solo, provoque cáncer. "El estrés por sí solo no debe presentarse como una causa directa comprobada de cáncer", precisó. Sin embargo, la especialista advirtió que el problema surge cuando el estrés se vuelve crónico, es decir, cuando se mantiene durante meses o años.

En esos casos, el organismo queda expuesto de forma constante a alteraciones fisiológicas que afectan distintos sistemas. "El estrés crónico altera ejes neuroendocrinos, eleva hormonas como el cortisol y las catecolaminas, favorece la inflamación y modifica la respuesta del sistema inmunológico. Esa exposición prolongada puede generar un ambiente biológico que favorezca el desarrollo de procesos oncológicos, aunque no sea una causa directa", detalló Alvarado.

Así, aunque el estrés no desencadena el cáncer por sí mismo, sí puede crear condiciones que, sumadas a otros factores, aumenten el riesgo. Por eso, los especialistas recalcan que controlar el estrés crónico, junto con otros hábitos, es parte de una estrategia integral para reducir la probabilidad de desarrollar la enfermedad.

El cortisol: una respuesta natural que puede volverse perjudicial

El cortisol, conocido como la hormona del estrés, es uno de los principales protagonistas en esta relación. La doctora Alvarado explicó que esta sustancia cumple una función indispensable cuando el organismo enfrenta situaciones de peligro. "Cuando ocurre un evento como un sismo, aumenta el cortisol porque el cuerpo necesita responder rápidamente. El corazón bombea más sangre, aumenta el estado de alerta y el organismo prioriza funciones necesarias para protegernos", indicó. No obstante, el problema surge cuando ese estado de alerta nunca desaparece. "Estar sometidos durante mucho tiempo a niveles elevados de cortisol es como mantener al organismo permanentemente bajo desgaste. Las defensas disminuyen, aumenta la inflamación y el cuerpo deja de funcionar en equilibrio", añadió.

Diversos estudios, entre ellos los citados por el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, indican que la exposición prolongada al estrés puede desencadenar respuestas inflamatorias, alteraciones hormonales y cambios en el sistema inmune que afectan la capacidad del organismo para responder adecuadamente frente a células anormales.

El estrés también modifica hábitos que aumentan el riesgo

Los especialistas coinciden en que uno de los mayores impactos del estrés ocurre de manera indirecta. Las personas sometidas a altos niveles de presión suelen dormir menos, alimentarse peor, abandonar la actividad física y recurrir con mayor frecuencia al consumo de tabaco o alcohol, conductas ampliamente relacionadas con distintos tipos de cáncer. "El estrés crónico afecta la salud general, altera el sueño y favorece hábitos asociados a un mayor riesgo de enfermedad, como el tabaquismo, el consumo de alcohol y la mala alimentación. También hace que muchas personas posterguen sus controles médicos", señaló la oncóloga.

Entre los cánceres ginecológicos, los factores de riesgo con mayor respaldo científico incluyen la infección persistente por el virus del papiloma humano (VPH), la obesidad, el tabaquismo, la exposición hormonal, la edad, la predisposición genética y la inmunosupresión. La especialista enfatizó que reducir el cáncer únicamente al estrés sería un error. “El cáncer realmente tiene muchos factores. El estrés puede acompañar y agravar ese contexto, pero no reemplaza a los factores conocidos que sí incrementan claramente el riesgo”, precisó.

En pacientes que ya padecen cáncer, el impacto del estrés puede ser aún mayor. “El diagnóstico oncológico genera ansiedad y depresión. Si además existe un estrés importante, los pacientes presentan mayor dolor, menor adherencia al tratamiento y más dificultades para afrontar la enfermedad”, sostuvo.

Para la especialista, uno de los mayores problemas en el Perú es que muchas personas retrasan sus chequeos médicos debido al trabajo, las responsabilidades familiares o simplemente porque no presentan síntomas. La detección temprana sigue siendo la mejor herramienta. “Una evaluación médica integral debería realizarse cada año. En el caso de las mujeres, el control ginecológico anual es indispensable incluso cuando no existe ninguna molestia”, indicó.

Recordó además que el Ministerio de Salud reporta que 12 mujeres son diagnosticadas diariamente con cáncer de cuello uterino y seis fallecen cada día por esta enfermedad, pese a que existen pruebas de tamizaje y vacunas que permiten prevenir gran parte de los casos asociados al VPH. Respecto a las recomendaciones de tamizaje, explicó que las mujeres deben iniciar el tamizaje para cáncer de cuello uterino desde los 25 años. La mamografía preventiva se recomienda a partir de los 40 años, según las guías nacionales y la evaluación médica. En los hombres, los controles para cáncer de próstata también comienzan generalmente desde los 40 años, dependiendo de los factores de riesgo individuales.

Cuidar la salud mental también forma parte de la prevención

Los especialistas son claros: el estrés no debe considerarse una causa directa del cáncer, pero sí un factor que puede deteriorar la salud física y emocional, facilitar conductas de riesgo y retrasar la prevención. Por ello, mantener una buena salud mental contribuye a preservar hábitos saludables y mejora el pronóstico de quienes enfrentan la enfermedad, aunque controlar el estrés no elimine el riesgo de cáncer.

La doctora Alvarado recomienda estrategias como apoyo psicológico, acompañamiento familiar, terapias de manejo del estrés y técnicas de relajación, especialmente en pacientes oncológicos. "Lo importante es que el paciente esté bien informado sobre su diagnóstico, reciba apoyo de su entorno y no enfrente solo el proceso de tratamiento", concluyó.

Para reducir el impacto de esta enfermedad, la mejor estrategia sigue siendo mantener estilos de vida saludables y realizar controles médicos periódicos. El mensaje es contundente: el estrés no causa cáncer directamente, pero sí puede empeorar la salud general y retrasar la detección temprana.

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