Un joven venezolano de 19 años, Jonathan Abraham Garrido Cardoza, que había llegado al Perú hace apenas un mes en busca de mejores oportunidades, fue asesinado a balazos la tarde del lunes 6 de julio mientras trabajaba como repartidor de delivery en los exteriores del Mercado N.° 2 de Surquillo. El ataque, perpetrado por dos hombres armados en la cuadra 7 del jirón Leonardo Barbieri, dejó además a otro joven gravemente herido y es investigado por la Policía como un posible ajuste de cuentas o un caso vinculado al cobro de cupos.
Según los primeros testimonios recogidos por la Policía, Jonathan había llegado al mercado para entregar un pedido cuando fue interceptado por los dos sujetos armados, quienes abrieron fuego y escaparon inmediatamente después del ataque. Los disparos alcanzaron a Garrido Cardoza, quien cayó sobre la vereda con su mochila térmica de reparto, mientras comerciantes, clientes y vecinos buscaban refugio al percatarse del ataque. Las cámaras de seguridad de la zona registraron parte del atentado; en las imágenes se observa a varias personas que caminaban por el lugar correr hacia los negocios cercanos al escuchar la seguidilla de disparos.
De acuerdo con sus familiares, el joven había migrado recientemente al país y llevaba solo 15 días trabajando para la empresa Rappi. Sus allegados aseguraron que nunca les comentó haber recibido amenazas ni tener problemas con alguna persona, por lo que el crimen los tomó completamente por sorpresa.
Un testigo relató que los atacantes parecían haber seguido previamente a la víctima: “Parece que ya lo han estado siguiendo. El chico ha corrido, pero han disparado más de 10 balazos. Los otros acompañantes se corrieron, pero a él, que se quedó parado ahí, le dispararon”. Durante el atentado también resultó herido Grayger Jiménez Beliz, de 21 años, quien acompañaba al repartidor. El joven recibió un impacto de bala en la espalda y fue trasladado de emergencia al Hospital Casimiro Ulloa, donde permanece internado en el área de trauma shock con pronóstico reservado.
Cuando varias personas pensaban que el ataque había terminado, una nueva serie de disparos volvió a generar momentos de tensión en los exteriores del mercado. Las cámaras de videovigilancia captaron la fuga de los presuntos sicarios: uno de los sospechosos, vestido con una polera clara, capucha y lentes oscuros, abordó una motocicleta lineal que era conducida por un cómplice vestido completamente de negro. Ambos escaparon rápidamente por calles aledañas.
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