Una erupción submarina al norte de Papúa Nueva Guinea podría estar creando nueva tierra. Foto: NASA Científicos siguen de cerca una erupción volcánica submarina detectada en el mar de Bismarck Central, al norte de Papúa Nueva Guinea, gracias a observaciones satelitales. Las imágenes obtenidas desde el espacio muestran que el fenómeno podría estar dando origen a una nueva isla, aunque los investigadores aún desconocen varios detalles sobre el volcán responsable y la evolución de la actividad. La NASA identificó el evento el 8 de mayo de 2026, cuando un pequeño grupo de terremotos alertó a los especialistas. Poco después, distintos satélites confirmaron que se trataba de una erupción submarina, lo que abrió una oportunidad poco común para estudiar este tipo de fenómenos casi en tiempo real. Los expertos consideran que es una oportunidad única no solo para estudiar su nacimiento, sino también la formación de un nuevo ecosistema desde cero. Una erupción submarina al norte de Papúa Nueva Guinea podría estar creando nueva tierra Columnas volcánicas muy próximas entre sí, rodeadas de nubes, emanan de una plataforma volcánica submarina en expansión. Foto: NASA

“La buena noticia es que existen enormes oportunidades para explorar y aprender utilizando plataformas satelitales gubernamentales y comerciales que ya están en órbita”, destacó Jim Garvin, científico jefe del Centro Goddard de Vuelos Espaciales de la NASA. La agencia espacial ha detectado desde el espacio una erupción volcánica submarina que podría estar formando una nueva isla. Los científicos creen que la actividad ocurre a lo largo de Titan Ridge, aproximadamente a 16 kilómetros al sureste de una erupción submarina registrada en 1972. Sin embargo, todavía no existe consenso sobre qué estructura volcánica está activa, cuál era la profundidad exacta del conducto antes de la erupción o cuándo ocurrió su último episodio eruptivo.

Piedra pómez flotante y agua verdosa y descolorida se extienden hacia el suroeste desde el lugar de la erupción, mientras una columna volcánica blanca se desplaza. Foto: NASA

Piedra pómez flotante y agua verdosa y descolorida se extienden hacia el suroeste desde el lugar de la erupción, mientras una columna volcánica blanca se desplaza. Foto: NASA

A partir del 9 de mayo, los satélites Aqua y Terra de la NASA captaron imágenes ópticas de columnas blancas de vapor elevándose sobre el océano. El satélite PACE también detectó aguas descoloridas alrededor del sitio mediante su sensor de color oceánico. Imágenes de Sentinel-2, de la Agencia Espacial Europea, y Landsat 9, desarrollado por la NASA y el Servicio Geológico de Estados Unidos, mostraron actividad muy cerca de la superficie del mar. El instrumento VIIRS, instalado en el satélite Suomi NPP, registró anomalías térmicas distribuidas en un área cercana a los 7 kilómetros cuadrados.

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Los investigadores esperan comprobar si nace una nueva isla

Las imágenes satelitales revelan una intensa actividad en aguas poco profundas: amplias zonas de agua descolorida, múltiples puntos de emisión de vapor y ceniza, y grandes balsas de piedra pómez que flotan y se desplazan con las corrientes marinas. Ante este panorama, los científicos monitorean la evolución de la erupción para determinar si el material expulsado logrará emerger de forma permanente sobre el nivel del mar. “Ahora esperamos con entusiasmo ver si está a punto de nacer una nueva isla, algo que solo en contadas ocasiones hemos podido observar con satélites mientras sucede”, declaró Garvin.

Si finalmente aparece una nueva masa de tierra, los especialistas evaluarán su evolución en el tiempo. Podría transformarse en un cono de toba con un cráter volcánico o, por el contrario, colapsar rápidamente y desaparecer por la acción del océano. También existe la posibilidad de que la actividad aumente si el agua marina entra en contacto con la cámara magmática poco profunda. Hasta ahora, los investigadores consideran que esta erupción ha sido mucho menos explosiva que otras registradas recientemente, como las ocurridas en Hunga Tonga-Hunga Ha'apai en 2022 y Fukutoku-Okanoba en 2021.

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La erupción serviría para estudiar el nacimiento de una isla

Si la nueva isla logra consolidarse, se convertiría en un laboratorio natural para estudiar cómo las plantas y los animales colonizan un territorio recién formado, además de analizar los efectos de la lluvia, la meteorización química y otros procesos de erosión. Para cartografiar cualquier isla que surja y seguir los cambios de su forma con el paso del tiempo, Jim Garvin planea utilizar datos del satélite NISAR de la NASA e ISRO y de la misión canadiense RADARSAT Constellation.

Según Simon Carn, es poco probable que el fenómeno alcance un nivel de explosividad elevado, ya que estaría relacionado con una dorsal volcánica ubicada cerca del punto donde convergen una falla transformante y un centro de expansión de arco posterior, ambientes que suelen generar erupciones menos violentas que las asociadas a zonas de subducción. Por ahora, tampoco se sabe cuánto tiempo permanecerá activa la erupción. Como referencia, el episodio registrado en la misma región en 1972 duró apenas cuatro días, mientras que otra erupción submarina ocurrida en 1957, a unos 100 kilómetros de distancia, se prolongó durante casi cuatro años.

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