Este 4 de julio, cuando Estados Unidos conmemora los 250 años de independencia, el ambiente está teñido de desencanto. Millones de estadounidenses consideran que el sueño americano se debilita y que los mejores años del país ya quedaron atrás, según reflejan múltiples sondeos recientes.
Encuestas del Pew Research Center, Gallup, Reuters/Ipsos y AP-NORC coinciden en un diagnóstico sombrío: cerca de seis de cada diez ciudadanos creen que el país avanza en la dirección equivocada. En concreto, el 72% de los consultados por AP-NORC afirmó en abril que el rumbo nacional es incorrecto, mientras que el 77% de los participantes en un sondeo de Reuters/Ipsos teme que la violencia política aumente en los próximos cinco años.
La preocupación por la economía también es central. Una mayoría observa con inquietud el panorama financiero y cree que el llamado sueño americano resulta cada vez más difícil de alcanzar. Además, el 72% de los encuestados por AP-NORC expresó que la democracia está en peligro, una percepción que se repite en otros estudios. El pesimismo es tal que una parte significativa de la población piensa que los mejores años de EE. UU. ya quedaron atrás.
El aniversario de la independencia llega, así, marcado por el escepticismo de millones de estadounidenses que dudan de que el país vaya por el camino correcto y que ven con recelo tanto el futuro económico como la estabilidad de su sistema democrático.
La preocupación por la democracia estadounidense es compartida por el 64% de los ciudadanos, según Reuters/Ipsos. Esa percepción es más intensa entre los demócratas (85%) que entre los republicanos (50%). Además, AP-NORC registró una caída en la valoración del gobierno democrático: solo el 66% lo considera "extremadamente importante", frente al 76% de 2024. Las libertades constitucionales también generan inquietud. Casi la mitad de los encuestados por AP-NORC cree que la libertad de expresión está gravemente amenazada; el 35% opina lo mismo sobre el derecho al voto y el 28% sobre la libertad religiosa.
Estas percepciones negativas no son uniformes, pero se acentúan entre demócratas y jóvenes, según el estudio. A ello se suma una visión pesimista del futuro. En la encuesta de Pew, el 55% anticipó que la economía será más débil en 2050 y la mayoría prevé un país más dividido, menos influyente y con instituciones menos eficaces. La situación económica actual tampoco alienta el optimismo. Solo el 22% de los consultados por Pew dijo sentirse muy seguro de tener recursos suficientes para la jubilación. Dos tercios de los participantes en el sondeo de AP-NORC rechazaron que el sueño americano siga vigente. La brecha política es notable: apenas el 17% de los demócratas cree que aún se puede prosperar con esfuerzo personal, frente al 57% de los republicanos.
El sentimiento de pertenencia a Estados Unidos ha alcanzado un punto crítico. Según la encuesta de Gallup, solo el 33% de los adultos se declara “extremadamente orgulloso” de ser estadounidense, el nivel más bajo desde que comenzó esta medición en 2001. En el otro extremo, un 9% aseguró no sentir ningún orgullo por su nación. El estudio revela profundas brechas generacionales y políticas: apenas el 14% de los jóvenes de 18 a 34 años manifestó ese orgullo extremo, frente al 48% entre los mayores de 55 años. Entre los republicanos, el 70% expresó ese sentimiento, mientras que solo el 14% de los demócratas lo hizo. La caída del orgullo nacional también se refleja en aspectos concretos. AP-NORC detectó que desde 2017 disminuyó el respaldo a instituciones y símbolos clave como las Fuerzas Armadas, la historia del país, la democracia y la influencia internacional de Estados Unidos. Mientras tanto, el presidente Donald Trump encabeza las actividades oficiales del aniversario con espectáculos, exhibiciones militares y un discurso previsto en Washington. Sin embargo, algunos empleados federales aseguran que no participarán en las celebraciones, tras los cambios registrados en la administración pública durante los últimos meses. Edward, un veterano militar que CNN identificó bajo seudónimo, confesó que antes sentía orgullo por el Día de la Independencia, pero ahora prefiere quedarse en casa. “Ahora, ni siquiera quiero tener nada que ver con el 4 de julio. Estoy enojado y avergonzado”, aseveró. Según su relato, los despidos y las dificultades que atravesaron antiguos compañeros transformaron por completo su percepción. Esa misma desilusión se replica entre empleados de FEMA, la Seguridad Social y la Administración de Seguridad del Transporte (TSA). Jonas, analista de FEMA, recordó que perdió su puesto y tuvo que echar mano de sus ahorros hasta que lo recontrataron. Una trabajadora de la Seguridad Social señaló que la moral en su oficina se desplomó tras los recortes de personal y el aumento de la carga laboral. Una supervisora de la TSA resumió el malestar general con una frase contundente: “Es como una bofetada. Tienen dinero para todo menos para pagarnos”.
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