Los recientes terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 registrados el 24 de junio en Venezuela no son hechos aislados. La ubicación del país sobre una frontera tectónica activa lo convierte en una de las naciones con mayor vulnerabilidad sísmica en Sudamérica, según la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis) y el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS). La franja septentrional del territorio concentra el mayor peligro debido a la fricción de estas colosales estructuras subterráneas, una realidad que amenaza directamente a las ciudades más pobladas.

La periodista científica Esme Stallard, de BBC News, explica el fenómeno: "ambas placas tectónicas tratan de pasar una encima de la otra y a veces se trancan y se acumula la energía". La especialista añade que "cuando finalmente empiezan a moverse de nuevo, se liberan enormes cantidades de energía, lo que hace a Venezuela propensa a los terremotos". Ese rozamiento continuo ha consolidado un complejo sistema de fracturas terrestres que libera tensión de forma constante desde hace millones de años. La geología y su compleja historia explican la magnitud de esta tragedia, que ocurre en medio de rescates y una crisis eterna.

La historia evidencia que estos desastres naturales en Venezuela no son hechos aislados en la región. lr.pe

¿Qué fallas geológicas y placas tectónicas causan los terremotos en Venezuela?

La actividad sísmica en Venezuela se origina por el contacto entre las placas del Caribe y la Sudamericana. Según Funvisis y el USGS, “la primera se desplaza hacia el este respecto de la segunda a una velocidad cercana a dos centímetros por año”. Aunque ese movimiento es casi imperceptible, la fricción impide un deslizamiento continuo, acumula tensión durante décadas o siglos y la libera mediante fuertes terremotos. De este desplazamiento surgieron fracturas terrestres muy activas que convierten a la región en una de las zonas con mayor potencial sísmico de América Latina.

La falla de Boconó recorre el occidente desde el estado Táchira hasta el mar Caribe, mientras que la falla de El Pilar atraviesa el estado Sucre, en el noreste, donde históricamente generó importantes eventos telúricos. Ambas acumulan gran parte de la deformación geológica del país. La tercera estructura principal es la falla de San Sebastián, completamente submarina, que corre en paralelo al litoral y pasa a solo 30 kilómetros de Caracas. Por eso la capital experimenta constantes temblores. La concentración de estos tres sistemas, sumada al dinamismo de la corteza, explica la alta sismicidad venezolana.

Las principales placas tectónicas en el mundo. Foto: BBC

Las principales placas tectónicas en el mundo. Foto: BBC

Existen tres fallas geológicas que ponen en riesgo sísmico a Venezuela. Foto: Ilustración LR

Existen tres fallas geológicas que ponen en riesgo sísmico a Venezuela. Foto: Ilustración LR

¿Qué causó el impacto de los últimos sismos? Factores y antecedentes históricos

La secuencia sísmica, que el USGS calificó como un inusual “doblete sísmico”, estuvo compuesta por dos movimientos de magnitud 7,2 y 7,5 separados por apenas segundos. Los expertos vinculan su gravedad a factores geológicos críticos, entre ellos un foco superficial a menos de 21 kilómetros de profundidad, condición que incrementó con fuerza la intensidad del movimiento telúrico. Sin embargo, la vulnerabilidad estructural del país elevó drásticamente el número de víctimas. Funvisis estima que cerca del 80 % de la población reside en áreas de amenaza sísmica, mientras que organizaciones internacionales advierten que décadas de deterioro en la infraestructura y la limitada inversión en edificaciones resistentes agravaron el panorama. Desde Venezuela, el secretario general del Consejo Noruego para Refugiados, Jan Egeland, describió que los equipos humanitarios encontraron “daños atroces”, frase que refleja la magnitud de la emergencia. La historia muestra que estos desastres no son aislados en la región. Entre los episodios más recordados están el terremoto de Caracas de 1967 (al menos 245 fallecidos), el sismo de Cumaná de 1929, cuyo tsunami causó unas 800 muertes, y el evento de San Narciso de 1900 en el litoral central. Aunque esos antecedentes impulsaron normas de construcción estrictas y mejor monitoreo, el crecimiento urbano sobre zonas de riesgo sigue siendo el principal desafío para mitigar futuras pérdidas humanas y materiales.

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