Jhonatan Águila Gutiérrez, de 24 años, logró sobrevivir a una herida de bala en la cabeza durante la matanza de cinco civiles en Colcabamba al hacerse el muerto. Ahora es un testigo clave para la Fiscalía de Derechos Humanos de Junín y narró minuto a minuto cómo ocurrió la tragedia que acabó con la vida de cinco de sus compañeros de viaje, entre ellos su sobrino.
Según su relato, los ocho efectivos de una patrulla del Ejército, al mando del capitán EP Luis Montenegro Pardo, dispararon contra el vehículo en el que viajaba sin mediar advertencia alguna. Águila desmiente la versión oficial que sostiene que los militares ordenaron detenerse al conductor y que los pasajeros atacaron a balazos a los uniformados. "Tampoco es verdad que los pasajeros atacaron a balazos a los uniformados", afirma, y niega que todos portaran armamento.
Tras acribillar la camioneta, uno de los soldados gritó: "¡Mi sup (superior)! ¡Mi sup (superior), no hay nada! ¡Creo que nos hemos equivocado de carro! ¡Mi sup (superior), no hay nada! ¡La carga (de droga) no está adentro! ¡Creo que nos equivocamos de carro!". El capitán Montenegro envió entonces a un subalterno a verificar si en el vehículo estaban los 500 kilos de cocaína que, según información previa, debían pasar por esa carretera. No encontraron ni un gramo de droga.
Lejos de auxiliar a los heridos tras comprobar el error, los militares actuaron para encubrir lo ocurrido. De acuerdo con el testimonio de Águila, uno de ellos ordenó conseguir balas y colocarlas en la escena para fabricar la versión de un supuesto ataque contra los militares, que estos habrían repelido matando a los cinco civiles. Los efectivos siguieron disparando incluso después de que todo estaba consumado, para asegurarse de que nadie quedara como testigo. Águila se salvó al simular estar muerto, y por suerte los militares no se percataron de que había sobrevivido.
Del total de ocupantes de la camioneta, Jhonatan Águila solo conocía a su sobrino, Cristian Vilcatoma, y a Nilson Montenegro, ambos muertos durante el ataque.
“¡Mi sup (superior), mi sup (superior), no hay carga (de droga)! ¿Qué hacemos?”, preguntó uno de los efectivos. La respuesta fue: “Traigan balas y láncenlo al carro”. Así consta en el testimonio formal de Jhonathan Águila ante los fiscales y los abogados de las partes, incluidos los militares. El sobreviviente afirmó que los efectivos cumplieron la orden. “Ahí es donde lanzan encima de mí, y en el piloto y copiloto, lanzan balas”, relató Águila.
Extraños. Respecto a los otros cinco ocupantes de la camioneta, Jhonatan Águila dijo que no sabía de quiénes se trataba.
“Disparos fueron al parabrisas”
El orden de los acontecimientos descrito por el sobreviviente es preciso: primero, los militares atacaron la camioneta; después, revisaron a los pasajeros muertos y heridos; luego, comprobaron que no existía la carga de droga que buscaban (500 kilos); finalmente, ordenaron traer balas y arrojarlas en la escena del crimen. Jhonatan Águila declaró que no observaron ningún control militar ni recibieron una orden para detenerse. “Cuando nosotros (en la camioneta) nos acercamos a ellos (que estaban en la carretera), dispararon desde delante por el parabrisas. Esas personas estaban escondidas. Si nos hubieran puesto el alto, nos hubiéramos detenido. Nos dispararon de frente”, manifestó.
El conductor, Nilson Montenegro, perdió el control. La camioneta avanzó unos metros, chocó contra una piedra, atravesó los matorrales y terminó empotrada fuera de la carretera. Para entonces, Nilson Montenegro había muerto. Los demás pasajeros estaban heridos. Pero los disparos no se detuvieron luego de que el vehículo se detuviera bruscamente. “Los disparos venían desde la parte de atrás. Dispararon como en tres tiempos: primero cuando estábamos en movimiento, luego cuando nos empotramos, luego se detuvieron un momento y dejaron de disparar, pero luego volvieron a disparar”, explicó Jhonatan Águila, según el acta de su testimonio que sirvió al fiscal Jhoel Chamorro Macukachi, quien solicitó y logró la detención preventiva de los ocho militares por 12 meses, con la finalidad de asegurar las investigaciones.
Tras las primeras ráfagas, aproximadamente cuatro hombres armados y vestidos de civil se acercaron a la camioneta. Se aproximaron a las cuatro ventanas del vehículo. Jhonatan Águila, herido en una mano y en un pie, decidió fingir que estaba muerto. Mantuvo abierto solamente uno de sus ojos para observar lo que ocurría. Uno de los hombres llevaba una gorra verde oscura, pasamontañas negro, chaleco verde oscuro, pantalón negro y botas. Abrió la puerta del conductor. Águila afirmó que fue en ese momento cuando comprendió que se trataba de militares. Uno de ellos revisó a los ocupantes y comunicó a su superior que todos se encontraban muertos. "¡Mi sup (superior), todos están fríos!", le dijo gritando.
Pero no todos estaban muertos. Jhonatan Águila permanecía consciente y rezaba en silencio mientras los militares retrocedían y se preparaban para disparar de nuevo. Antes de la segunda ráfaga escuchó que uno de los pasajeros se quejaba. "Ah, ah", gemía el herido. Los militares dispararon otra vez. Una de las balas impactó a Jhonatan Águila en la cabeza y otra en el glúteo. "Yo estaba orando, pidiendo a Dios que me ayude", declaró.
Antes de que los militares revisaran por segunda vez la camioneta, Cristhian Vilcatoma Águila, sobrino de Jhonatan Águila Gutiérrez, abrió la puerta del copiloto e intentó bajar. El sobreviviente cree que fue atacado en ese momento, cuando descendía del vehículo.
Ninguno de los militares contestó a las preguntas de las autoridades. Todos se acogieron al silencio. "Durante la intervención, ¿los militares indicaron si eran del Ejército u otra institución militar?", preguntaron a Jhonatan Águila Gutiérrez: "En ningún momento ellos se han identificado ni han hecho un pare, porque si ellos hubieran hecho un pare, habiendo tantas maneras de intervenir al vehículo, en este caso no dijeron nada y nos intervinieron con balas’", contestó el testigo.
Pasajeros de camioneta Hilux fueron asesinados la madrugada del sábado 25 de abril. Foto: La República
“Cuando estaba bajando seguramente lo mataron. Ahí es donde empieza la balacera y ahí lo remataron”, señaló el sobreviviente. Los militares se acercaron nuevamente; esta vez, dos de ellos, que llevaban pasamontañas, llegaron hasta la parte delantera del vehículo. Cerraron la puerta del copiloto y abrieron una de las puertas posteriores. Luego sujetaron a Jhonatan Águila por el hombro y lo sacaron del vehículo. Tenía heridas de bala y el rostro cubierto de sangre. Para evitar que descubrieran que seguía con vida, dejó caer el cuerpo y trató de no respirar. Jhonatan Águila no señaló que alguno de los pasajeros portara armas. Cuando la fiscalía le preguntó expresamente si llevaba un arma de fuego o si había realizado algún disparo, respondió que no. “Nosotros en ningún momento portamos armas y no hemos realizado ningún disparo. Yo hablo porque vi que nadie de los que estaban dentro hizo disparos”, manifestó. Tampoco dijo haber escuchado disparos procedentes de la camioneta. Águila sostuvo que los atacantes nunca se identificaron, nunca ordenaron detener el vehículo y nunca les dieron la oportunidad de explicar quiénes eran. Dispararon primero. Del total de ocupantes de la camioneta, Jhonatan Águila solo conocía a su sobrino, Cristian Vilctoma, y a Nilsón Montenegro, ambos muertos durante el ataque. Al colombiano Nilson Montenegro, el conductor del vehículo, lo conoció en partidos de fútbol en la zona de Pucacolpa, en Ayacucho. Respecto de los demás ocupantes de la camioneta, Jhonatan Águila dijo que no sabía de quiénes se trataba.
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