El padre Pedro Hidalgo, rector de la Facultad Teológica Civil de Lima, explicó en Ampliación de Noticias el origen de la solemnidad de San Pedro y San Pablo y del Día del Papa, que la Iglesia celebra cada 29 de junio. Según detalló, la coincidencia de ambas conmemoraciones en una misma fecha tiene raíces históricas que se remontan a los primeros siglos del cristianismo.
El religioso señaló que la devoción por Pedro y Pablo surgió a finales del siglo I, poco después de su martirio. “Pedro y Pablo son martirizados hacia el año 64 y 67, respectivamente: uno en la colina vaticana, Pedro; y otros extramuros, Pablo. Pablo que, si no conoció directamente a Jesús en vida, tiene una experiencia fuerte de la resurrección que le transforma la vida, y de perseguidor de cristianos pasa a ser luego el gran propulsor del anuncio de Jesucristo. Mueren ellos y en la colina vaticana, se dice, se depositan los restos de Pedro y también los de Pablo, posteriormente”, explicó.
Desde los primeros años del cristianismo, los fieles desarrollaron una profunda veneración hacia ambos apóstoles, considerados mártires y modelos de fidelidad a Cristo. “Así como en lo civil admiramos a los héroes porque han hecho una proeza, porque son realmente ejemplo de la afirmación de un valor, los cristianos al principio celebraron a los mártires y concretamente a Pedro y a Pablo”, sostuvo Hidalgo.
El rector de la Facultad Teológica Civil de Lima también recordó que, antes de que se construyeran las primeras iglesias en el siglo IV, los cristianos celebraban misa de forma clandestina en los cementerios. Fue en ese contexto que la tradición de honrar a los apóstoles el 29 de junio se fue consolidando, y con el tiempo la fecha también quedó asociada al Día del Papa, en reconocimiento a la figura de Pedro como primer obispo de Roma.
El Día del Papa
Desde aproximadamente el segundo milenio, la celebración de San Pedro también se orientó como el Día del Papa, una jornada para “rezar, para orar de modo especial por el Papa”. El padre Pedro Hidalgo explicó que esta vinculación se debe a que Jesús designó a San Pedro como cabeza de la Iglesia, y ese ministerio o servicio de Pedro se prolonga en la figura del papa. En cambio, la misión de San Pablo y los demás apóstoles continúa en los obispos. “Siendo Pedro aquel apóstol a quien Jesús designa como que sea cabeza de la Iglesia, guía de la comunidad cristiana, entonces el ministerio, el servicio de Pedro, se considera desde muy antiguo, pasa al papa, como el ministerio de Pablo y el de los demás apóstoles pasa a los obispos”, afirmó Hidalgo.
En esta misma fecha se realiza el Óbolo de San Pedro, una colecta destinada a financiar las obras de caridad del papa. El padre recordó que, por ejemplo, recientemente se envió ayuda a los afectados por el terremoto en Venezuela. Así, la solemnidad de San Pedro y San Pablo, que se celebra cada 29 de junio, reúne el homenaje a los dos apóstoles y, al mismo tiempo, la oración por el pontífice reinante.
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