La noche del 23 de junio, Jean Pierre Gallegos Chuquiray, un emprendedor de 31 años, salió rumbo al distrito de San Andrés, en Pisco, sin saber que sería capturado por una organización criminal. Desde ese momento, su familia inició una angustiosa búsqueda que se extendió por horas, sin rastro alguno del joven padre.

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La incertidumbre se rompió cuando los secuestradores se comunicaron con los deudos. La exigencia fue clara: debían pagar 500 mil dólares para recuperar con vida a Jean Pierre. A partir de ahí, comenzó una desesperada carrera contra el tiempo. Los delincuentes demostraban conocer detalles precisos sobre la víctima: mencionaban propiedades, vehículos y los negocios familiares dedicados a la venta de postres y juguetes en la provincia.

Mientras la familia intentaba reunir el dinero, los criminales incrementaban la presión con constantes llamadas para exigir el pago y mantener el control de la negociación. Uno de los momentos más dolorosos ocurrió cuando enviaron una prueba de vida. Mediante una videollamada, mostraron a Jean Pierre golpeado, semidesnudo y visiblemente afectado por las condiciones de su cautiverio.

Las horas de terror en cautiverio

La imagen devastó a sus familiares, quienes redoblaron esfuerzos para conseguir recursos. Amigos y conocidos residentes en Estados Unidos colaboraron con préstamos, mientras otros bienes eran puestos a la venta. Sin embargo, pese a los sacrificios, apenas lograron recaudar 50 mil soles, una cifra muy lejana a los 500 mil dólares exigidos. La banda criminal rechazó cualquier posibilidad de acuerdo y, según relataron los allegados, la presión se mantuvo hasta el final.

Cuando los secuestradores se percataron de que la madre de Jean Pierre había denunciado el caso a la Policía, rompieron todo contacto vinculado a la negociación. La mujer había recurrido a las autoridades al no poder juntar los US$500 mil que le exigían. Poco después, el cuerpo de la víctima fue hallado en una chacra del distrito de Chincha Baja, a varios kilómetros de donde desapareció. Las pericias preliminares revelaron signos de violencia extrema: el joven presentaba lesiones compatibles con tortura, heridas cortantes y un disparo en la cabeza que le causó la muerte. El hostigamiento, sin embargo, no terminó con el asesinato. La madre denunció que los responsables continúan haciendo llamadas amenazantes contra sus hijas y los negocios de la familia. Las investigaciones apuntan a que detrás del secuestro y homicidio estaría una facción vinculada al Tren de Aragua. Sus métodos coincidirían con recientes casos de extorsión registrados en la provincia de Chincha. x-twitter

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