Con una ventaja de apenas 0,22% sobre Roberto Sánchez, Keiko Fujimori se convierte en la virtual presidenta electa tras imponerse en la segunda vuelta de las Elecciones 2026. Según datos del politólogo argentino Ignacio Labaqui, este es el margen más reducido jamás registrado en un balotaje en el Perú y uno de los más ajustados de toda Latinoamérica. La diferencia es tan mínima que, si se descuentan los votos emitidos en el extranjero, Sánchez mantiene una ligera ventaja de 0,20% sobre Fujimori dentro del territorio nacional.

El resultado refleja la persistente división del electorado peruano y anticipa un escenario político complejo para el fujimorismo. En su cuarto intento por llegar al Poder Ejecutivo, Fuerza Popular logró la victoria, pero con cerca de la mitad del país aún opuesta a la propuesta política naranja. Para Labaqui, ganar por un margen tan reducido implica que Fujimori enfrentará un mandato con una legitimidad electoral limitada.

A pocos días de que se oficialicen los resultados, el proceso electoral llega a su fin y ya es posible extraer conclusiones. Una de ellas es que la candidata de Fuerza Popular ha sido elegida con la menor ventaja jamás registrada en una segunda vuelta en el país. El panorama no es sencillo: la división territorial y la oposición de casi la mitad del electorado marcarán el inicio de su gestión.

Sánchez y Fujimori disputaron una de las segundas vueltas más apretadas en Latinoamérica | Composición: LR. El analista Labaqui considera que no existe una relación directa entre los márgenes estrechos de las últimas tres elecciones presidenciales peruanas y las crisis políticas que llevaron a salidas anticipadas de los mandatarios. A su juicio, la principal explicación de esa inestabilidad radica en el diseño institucional y en la configuración del Congreso. El panorama peruano resulta particularmente preocupante: las dos elecciones anteriores —2016 y 2021— también registraron márgenes de victoria extremadamente estrechos para los candidatos que finalmente llegaron a la Presidencia, Pedro Pablo Kuczynski y Pedro Castillo, respectivamente. En ambos casos, la diferencia fue inferior al 0,3%. Kuczynski obtuvo la victoria con un margen de 0,24%, una cifra muy cercana a la actual diferencia entre Roberto Sánchez y Keiko Fujimori. Castillo, por su parte, fue proclamado presidente con una ventaja de 0,26% sobre la candidata fujimorista. “No solo por haber ganado por un margen exiguo, sino también porque, a pesar de haber sido la candidata más votada en la primera vuelta, obtuvo solamente un 17% de los votos. Probablemente tenga una luna de miel corta. Sin embargo, dado que probablemente comenzará la gestión con expectativas bastante bajas por parte de la ciudadanía, si su gobierno supera esas expectativas, tiene una oportunidad de crecimiento”, señaló el especialista. Si la disputa entre el fujimorismo y el antifujimorismo se ha convertido en una constante de las segundas vueltas peruanas, el respaldo a una u otra fuerza ha bastado para dividir prácticamente en dos al electorado. lr.pe lr.pe

El analista Labaqui señaló que “todos los presidentes desde 2016 en adelante tuvieron un escudo legislativo bastante precario” y que el Congreso estuvo “caracterizado por una fragmentación bastante elevada”. Explicó que los mandatarios de gobiernos minoritarios, si no logran ampliar su base de apoyo legislativo original y construir una coalición mayoritaria o, al menos, una que los blinde frente a un impeachment —o una vacancia, en el caso peruano—, “son muy propensos a tener dificultades para completar el mandato”. Aclaró que “no es un fenómeno exclusivo del Perú, sino de toda la región”.

En perspectiva regional, la elección de Salvador Sánchez Cerén en El Salvador, en 2014, se resolvió por un margen igualmente estrecho: 0,22% frente a Norman Quijano. Su gestión concluyó con altos niveles de desaprobación: cerca del 75% de los salvadoreños rechazaban su gobierno poco antes de que entregara el poder al actual presidente, Nayib Bukele. Otro caso relevante es el de Colombia, que también atravesó un proceso electoral este 2026. El ultraderechista Abelardo de la Espriella, del partido Defensores de la Patria, derrotó a Iván Cepeda, representante del Pacto Histórico —agrupación liderada por el actual presidente Gustavo Petro—, por una diferencia de apenas 0,96%.

Debido a la cercanía temporal de ambos procesos electorales, resulta inevitable comparar la situación de Perú y Colombia. Para Labaqui, sin embargo, existen más diferencias que similitudes, empezando por el perfil de ambos candidatos vencedores.

“De la Espriella es un outsider; Keiko postula por cuarta vez a la Presidencia. El fujimorismo, aunque hayan transcurrido 26 años desde el fin del gobierno de Alberto Fujimori, sigue siendo una identidad política importante. En Colombia hubo polarización desde la primera vuelta; en Perú predominó la fragmentación”, señaló el analista. A ello se suma que, mientras Cepeda y De la Espriella llegaron al balotaje con más del 40% de respaldo en primera ronda, ni Fujimori ni Sánchez alcanzaron el 20% de las preferencias nacionales y, pese a ello, avanzaron a la segunda vuelta. “En la segunda vuelta sí hay similitudes: fueron elecciones altamente competitivas y con una elevada polarización ideológica. La distancia entre las propuestas de ambos candidatos era muy amplia. En ambos países, como viene ocurriendo en otras naciones de la región, el centro moderado tiene poco atractivo electoral y pierde espacio”, concluyó Labaqui.

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