Con 81 años cumplidos y después de haber quedado quinto en la elección presidencial, Ricardo Belmont se alista para una nueva contienda electoral: la alcaldía de Lima. El líder del partido Obras, que en enero de este año enfrentó semanas de angustia por un malestar en la vesícula y una sospecha de cáncer, asegura que ahora está fuera de peligro. “Sí tiene una neoplasia, pero que es benigna”, afirma. Durante su campaña presidencial, los problemas de salud lo acompañaron: “He hecho mítines en los que me temblaban las piernas”, recuerda. A pesar de ello, sostuvo su ritmo de trabajo con fiebre de hasta 38 grados, mientras los médicos realizaban estudios durante enero y febrero. “Con 40 de fiebre no se puede trabajar. Y yo mantuve la campaña con 37, con 38 de fiebre”, explica.

En una entrevista, Belmont aclara que su estado actual es estable. “Mi salud está bien. Se tergiversó mucho sobre el tema de mi salud. Como yo soy una persona pública, que me vieran en dos clínicas, durante 15 días, entrando y saliendo, era para que la gente lo comente. Y si no lo decía en mi campaña, la gente pudo haber dicho que Belmont omitió algo”, sostiene. Sobre el episodio en el que, en una conversación con Rosa María Palacios, mencionó que los médicos le habían detectado un cáncer irreversible, precisa que luego viajó al extranjero y recibió un diagnóstico más alentador. “Lo que pasó fue que yo fui por una cosa y me encontraron la posibilidad de que hubiera un tema de cáncer. Y el médico, después de 15 días, me dice: Hemos hecho la evaluación y todo es benigno, eres un hombre sano. Pero cuando fui donde Rosa María yo venía de la clínica…”, relata. Añade que la posibilidad era “50-50”, como cuando se detecta un lunar interno que no se puede extraer.

Belmont, que busca recuperar el canal de televisión que su propia familia le quitó y que fue uno de los aliados de Roberto Sánchez en la segunda vuelta, no elude la posibilidad de que su salud pueda fallar. “Siempre puede pasar algo a mi edad. Son 81 años. La gente se muere joven. Y yo he tenido experiencias en mi vida muy cercanas a la muerte, como el balazo del 85”, dice. Sobre ese atentado, ocurrido en 1985, prefiere no dar detalles: “Se especuló mucho. He intuido, más o menos. Pero no lo quiere contar”. En ese contexto, ya ha contemplado un plan de contingencia: “Para eso estaba su teniente alcalde”, responde cuando se le pregunta si algo le ocurriera.

Al ser consultado por qué quiere gobernar una ciudad que, según él mismo ha dicho, “no entendió que es un crisol de todas las sangres” y donde existe “terruqueo contra las personas que piensan distinto”, Belmont responde: “Primero, porque yo nunca discrimino a nadie. La gente sabe que Ricardo Belmont, durante casi toda su vida, ha mantenido las mismas convicciones. Es lo que dije en Habla el Pueblo. Empecé con lucha, estudia, trabaja, produce mejor y tendrás un Perú mejor. Lucha con firmeza por tu tierra patria, tu amor y tu ser. Eso se mantuvo toda la vida”. El conocido jingle, que “encierra que hay que pelear hasta el final”, resume su filosofía, asegura.

Belmont tampoco votó en las elecciones presidenciales, pero aclara el motivo: “Yo no voto por mí mismo. Votaron mis dos hijos menores”. Ahora, con la mirada puesta en la municipalidad, el excandidato presidencial se prepara para una nueva campaña, convencido de que su experiencia y sus convicciones intactas son su mejor carta de presentación.

“Si Keiko fuera presidenta, asumiendo esa tesis, tiene que gobernar en un pacto con el país. Porque si hay 16 regiones que no la aceptan, ¿cómo va a hacer? Sería, en todo caso, la presidenta de Lima y de una parte del norte del país”, plantea Ricardo Belmont cuando se le pregunta si su eventual gestión como alcalde de Lima tendría un rol simbólico de contrapeso frente a una eventual presidencia de Keiko Fujimori. El exalcalde y excandidato presidencial aclara que, si él llega al sillón municipal, “solamente voy a tratar el tema del vecino, no me lleven a la parte política. No quisiera yo politizar la alcaldía. Pero sería politizada de alguna manera, porque quien soy me obliga a tener una posición política. Las vigas maestras de mi partido están claras. Las sostengo durante más de 30 años y son un poco duras contra los que vendieron el país”.

Belmont recuerda que desde 1995, “cuando en todas las plazas del Perú dije: Cuidado con vender las riquezas naturales, con enajenar el país, cosa que se ha hecho y que hay que revisar”, ha sido opositor a la figura de Alberto Fujimori y, por extensión, a su hija. Respecto a la derrota de su candidato en la segunda vuelta electoral, el periodista se desmarca de haber señalado a los peruanos en el exterior como responsables. “No he dicho que son los responsables. Los responsables son Transparencia e Ipsos, que adelantaron opinión y nos dieron todas las dudas. Después de 26 años se repite la historia, dieron ganador a Fujimori y al final ganó Toledo. Es un déjà vu para mí, yo ya vi esta película. Para mí, Keiko ganó con el cambio de las reglas de juego en pleno partido. Si en la primera vuelta funcionó la digitalización de los votos extranjeros, en la segunda, ¿por qué no se hizo? Esa es la pregunta que subyace en la cabeza de cualquier persona que analiza los hechos. Acá hay que explicar que el sentido común de la gente no va a aceptar fácilmente el triunfo de Keiko si no hay una conversación entre las dos fuerzas, que son como dos trenes que tienen la misma velocidad, la misma masa y la misma fuerza, y que van a colisionar”.

Ante la observación de que su candidato tampoco tuvo una buena performance en provincias clave como Cusco y Cajamarca, Belmont responde: “Es que los votos valen igual, los del exterior con los de Lima. Lo que está mal es el procedimiento, este cambio que se hizo. Yo voy al médico y le pido mis análisis de sangre, y el médico me dice antes te los daba, pero a partir de ahora ya no te los doy. ¿Y por qué? Porque ahora tienes que pagar para que te los den. Eso fue lo que ocurrió. Nosotros no tenemos nada contra nuestros hermanos que están en el exterior, pero lo que llama la atención es que se reciben los votos de un pueblo menor y no se reciben los votos de Argentina, no se reciben los votos de Estados Unidos, por favor. ¿Los reyes de la tecnología no pueden enviar los resultados? Es raro. Y Keiko lo sabe, porque si no lo supiera, no pediría un gobierno de ancha base”.

Sobre sus prioridades si vuelve a la alcaldía, Belmont señala que primero evaluará la situación financiera del municipio. “Mi prioridad es mirar en qué situación se encuentra el municipio, porque las voladas son que el municipio está endeudado, que el municipio tiene una deuda impagable. La Contraloría tendría que hacer una auditoría, es lo primero que pediríamos. Y, segundo, iniciar un plan de obras que jamás se ha visto, con el presupuesto que tenemos que ver”. Cuando se le pregunta si es que existe ese presupuesto, responde: “Si es que lo tenemos; si no, tenemos que revelarle la verdad al pueblo. Yo creo que lo que el pueblo quiere es transparencia. Ya está harto de los políticos que han mentido o que han sostenido cosas que no tienen valor. Y, como yo soy deportista, siempre digo que al hombre se le mide por los hechos y no por lo que diga”.

Al ser consultado por una gran obra en concreto, Belmont se muestra cauto: “Si yo digo hoy día mi estrategia de obras, la repiten mañana todos”. Recuerda que durante su campaña presidencial mantuvo en secreto su plan de gobierno por la misma razón: “Mantuvimos en silencio nuestro verdadero plan, porque todo lo que yo decía en las redes, luego lo escuchaba en la televisión dominante y perversa que hemos tenido en esta campaña”.

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“Ayer le di la mano, ayer nos vimos. Yo le dije: Jorge, la pelea terminó, tenemos que conversar”, relata Ricardo Belmont sobre su encuentro con Jorge Nieto, a quien la prensa da como un eventual aliado para sumar votos en el Congreso. El líder de Obras aplicó su famosa frase de “abrazos y no balazos” con el excandidato. “Es una frase que tiene mucha fuerza. En la parte histórica, cuando uno dice abrazos y no balazos, uno no se refiere a la Policía, se refiere al concepto de país. Yo no quiero un país en el que se siga matando gente. Y acá hubo muertos, en el gobierno de Dina Boluarte, acusados de terroristas. Y acá todos éramos terroristas. Yo hasta hace una semana era un zurdo de mierda para la prensa. Ahora dicen hay que conversar”, afirma.

Belmont asegura que el bloque que conformó con Luis Sánchez y José López Chau fue “hecho para la campaña” y que “fue una cosa electoral”. Sin embargo, aclara su postura de cara al futuro: “Para mí, la patria está primero, después el movimiento y tercero las personas. Y nosotros, todo lo que sea bueno para el país, vamos a apoyarlo, vamos a derogar las leyes a favor del crimen que ha dado este Congreso, que ha tenido 2% de aprobación”.

Consultado sobre si necesitarán los votos de Nieto para lograr esas derogatorias, Belmont responde que Nieto le dijo: “Nada es personal, amigo Ricardo. Y podemos conversar. Le dije que conversemos, porque tenemos que unir al país. Hemos sido gobernados, de alguna manera, lo queramos decir o no, por el poder que ha tenido el fujimorismo, que se tumbó a PPK. De ahí lo intentaron con Castillo, lo lograron. Ahí sí el fujimorismo no reconoció el triunfo de Castillo. Todo lo planearon. Yo dije que esto era un fraude el primer día que me inscribí, por eso es que yo no lloro sobre la leche derramada. Yo lo dije: vamos a una elección con visos de fraude. Y el fraude empezó con la creación de 36 partidos, con que volvamos al Senado”.

Sobre la disciplina de su bancada —que tendrá 5 senadores y unos 14 diputados—, Belmont es tajante: “En Obras no creo que pase eso, porque se ha firmado un pacto de lealtad, de humildad y amor a la patria. Y en Obras, los espartanos saben que el que traiciona es separado, perseguido, por los mismos espartanos”. ¿Perseguido de qué manera? “Perseguido mediáticamente, con la inmensa cantidad de espartanos que hay en redes sociales. Yo estoy acá porque se creó una filosofía estoica, para aguantar el silencio de la discriminación. Acá invitaban a los canales de televisión, a todos los candidatos, incluso a los que tenían 1%, los levantaban, y todos hablaban mal de Ricardo Belmont. Y Belmont no podía ir a hablar. Y si yo hubiera tenido televisión ganaba en primera vuelta”, sostiene.

“¿En serio está convencido de eso?”, se le pregunta. “Pero absolutamente convencido, porque yo empecé mi campaña en el 23, yo viajé a Puno, a Juliaca”. Ante la réplica de que parece “modesto”, responde: “Precisamente, la peor de las mentiras es la falsa modestia”. Y agrega: “Pero escuche usted lo que dijo López Aliaga. Dijo que iba a ganar en primera vuelta, Álvarez también. Todos se copiaron lo que a mí no me permitían sustentar. Y yo tenía el sustento, soy una persona que durante veinte años no la han invitado a la televisión, son veinte años que me han dicho ladrón y estafador. Milagros Leiva junto con Juliana Oxenford y otros periodistas dijeron que incluso a mi hijo minusválido lo había maltratado, esto fue un fusilamiento mediático”.

En otro momento, se le recuerda que su partido no cumplió con presentar el número mínimo de candidaturas a los gobiernos regionales. “Nos faltó uno”, admite. ¿Eso hará que pierdan su inscripción? “No me preocupa eso porque Obras se levanta de las cenizas. Pierdo la inscripción y los espartanos volveremos a inscribirnos, no hay problema. La ley se hizo para que no pasaran los partidos que no estaban en la nómina de esta mafia que nos ha gobernado, esta mafia que ha atacado a todos los que no éramos adictos a esa llamada derecha bruta y achorada, que nos ha dicho rojos, zurdos. Y la gente de izquierda no me considera a mí de izquierda, pero me aprecia, porque saben que soy consecuente con lo que vengo diciendo. Te voy a contar una anécdota. Cuando estaba con Sánchez, yo dije: Queremos un canal de televisión, el canal del Estado”, concluye.

—No, no era un acuerdo. Se me salió.

¿Ah, sí? ¿Lo dijo sin que lo supiera el señor Sánchez?

—Lo dije porque yo no tengo un libreto que me ha dado Sánchez.

¿Y cuál era la idea?

—La idea era que se transparente todos los días, con el periodismo peruano, lo que se está haciendo. Que una licitación sea conocida por el público. Si se va a licitar una nueva mina, que se ha encontrado, que se diga.

Al estilo de las mañaneras de la señora Sheinbaum.

—Más o menos, sí.

¿Y usted quería administrar ese canal?

—No, yo no estoy para administrar nada. Era la idea, como este canal que ahora tienen ustedes, porque La República ya es un canal. Y hoy se puede hacer un canal con 5 mil soles. Se necesita una escenografía, un backing y unas cámaras. ¿Cuántos canales de televisión hay hoy en día? Todos los influencers tienen sus canales.

El tema de la televisión es algo recurrente en su discurso. Parece que tiene un poco de nostalgia de su época de broadcaster.

—Pero por supuesto, yo nací entre tubos de radio. A los 11 años, mi padre compró radio Excelsior. Y desde ahí viví en la radio, estudié en la radio e hice radio desde que tenía 22 años.

Incluso en las vigas maestras de su partido habla de la televisión, es un tema permanente en sus propuestas.

—Cuando yo era chico, mi padre me dijo: ¿Ves este fierro? Y era un micrófono, bastante grande, de la época. Y luego siguió: Con ese fierro, un país puede levantarse o puede hundirse, depende de las personas que hagan uso de él.

Si es una persona apasionada por la televisión, ¿qué sintió cuando perdió su canal?

—Sentí que tenía que volver a hacerlo. Yo no lloro sobre la leche derramada. Cometí el error de dárselo a mi hijo, cuando me metí a la política. Y cuando quise que me lo devuelva, ya no quiso. Le dije: Te estás portando mal con tus hijos, con tus hermanos menores, que en ese momento tenían 3 y 8 años. Le pedí que lo devolviera. Y allí está el problema. Lo voy a recuperar, no hay problema. Si Dios me da salud.

¿Entiende que ahora mismo habrá unas cuantas personas decepcionadas de su vieja idea de hacer un canal comunitario, por cómo nació RBC, con los aportes de tantos?

—Yo traje esa idea de Estados Unidos.

Ya, pero la hizo acá, con aportes de peruanos.

—Me equivoqué de país.

¿Cómo es eso?

—Es la envidia. Fue un canal que funcionó perfectamente por 10 años. Se inauguró en el 86 y en el 96 empezaron a decirme estafador. Pero en ese tiempo, en esos diez años, todos los políticos fueron al canal del supuesto estafador, ¿cómo es eso?

¿Y los aportantes recibieron algún beneficio?

—No era un banco, era una inversión. Y a veces se caen las acciones. A mí la Sunat me persiguió desde el 96 y pagué más impuestos que todos los canales, fueron 34 millones de impuestos.

Tiene 81 años, ¿siente que tiene alguna deuda pendiente con alguna persona?

—Bueno, tengo que arreglar con mi señora, de la que me estoy separando. Tengo que arreglar con mis hijos, que me tienen que devolver lo que es mío. Tengo que luchar por mis espartanos, que han creído en mí y me han dado casi un millón 700 mil votos.

¿Y tiene algún enemigo?

—Muchos, asolapados. Son los que me preguntan cosas y empiezan diciendo: Dicen tal cosa de usted. Pero no tengo ningún resentimiento. Tomo eso deportivamente. Soy deportista. He sido noqueado en el boxeo, me rompieron las piernas en el fútbol.

Le dispararon en el 85.

—Me ha pasado de todo. Tengo 14 operaciones.

Y acaba de descartar un cáncer.

—Sí, al menos que venga un infarto en el camino.

No lo preocupe al señor (Harold) Forsyth.

—No, él estaría feliz. Sería el alcalde. Él es un amigo mío. Yo le pedí que sea el alcalde, pero me dijo que se encargaría de traer al equipo de técnicos. Y ahora es el candidato a teniente alcalde.

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