El segmento ‘Crimen y castigo’ de Hola a todos recordó esta semana uno de los feminicidios más violentos que sacudió la provincia de Cañete hace dos años. La víctima, Heidy Lizbeth Peña Lázaro, fue asesinada por quien fuera su pareja y padre de sus dos hijos, Abel Antonio Chilipo Damián, quien confesó el crimen. El hombre la estranguló dentro de la vivienda que ambos compartían, cuando ella se encontraba sola, según su propio relato.

Durante años, la pareja compartió fotografías, celebraciones y la ilusión de una familia junto a sus dos hijos. En aquellas imágenes aparecían sonrientes, abrazados y convencidos de que el futuro les pertenecía. Nadie imaginaba que ese mismo hombre que alguna vez le prometió amor eterno terminaría confesando el crimen que acabaría con la vida de su amada.

Dos meses antes del asesinato, Heidy había decidido separarse de Chilipo Damián. Sin embargo, ambos continuaban viviendo bajo el mismo techo por sus hijos. Esa convivencia, lejos de aliviar los conflictos, se convirtió en una situación cada vez más difícil por el constante acoso y hostigamiento que, según su entorno, ejercía el hombre. Familiares contaron que Heidy solo quería rehacer su vida, pero los celos de su expareja no disminuían. La controlaba, la vigilaba y no aceptaba el fin de la relación. En conversaciones con un familiar también expresó el temor que sentía por esa situación y relató que él no la dejaba salir, quería encerrarla, le pedía que abandonara la vivienda e incluso le quitaba la motocicleta.

En sus últimos días, la víctima compartía con sus seres queridos la angustia que vivía dentro de su propia casa. Ese temor terminó convirtiéndose en realidad cuando, en medio de una discusión, fue atacada por el hombre con quien había formado una familia. El propio detenido relató que permaneció varias horas junto al cadáver antes de trasladarlo en su mototaxi durante la noche hasta una zona cercana a la playa Totoritas. Allí desmembró el cuerpo y arrojó las partes al mar con la intención de que la corriente las hiciera desaparecer.

El coronel PNP Manuel Lozada, jefe de la División Policial Lima Sur, detalló la secuencia del crimen: “El día 14 llega al domicilio de la víctima, llega las 2 de la tarde aproximadamente y la ahorca porque estaba sola. La lleva su motocar y la deja ahí hasta horas de la noche. En la noche, la lleva hacia la playa, ahí la desmembrada y la arroja al mar. Refiere con la intención de que el mar se la lleve otro lado”. Durante su declaración, el detenido admitió haber actuado solo y reconoció: “Sí, es verdad, yo la maté”. En otro momento de su confesión aceptó: “La ahorqué con las manos. La descuarticé en la playa”. El coronel Lozada informó que el investigado refirió haber arrojado los restos al mar para que fueran llevados lejos del lugar.

El caso salió a la luz cuando pescadores artesanales encontraron restos humanos en avanzado estado de descomposición en la playa Boca del Río, en Mala, y alertaron a la Policía Nacional. El cadáver, incompleto y sin cabeza ni extremidades, apareció cerca de la desembocadura del río Mala. Efectivos policiales y representantes del Ministerio Público realizaron el levantamiento del cuerpo y lo trasladaron a la morgue, donde la necropsia permitió confirmar la identidad de la víctima y establecer que murió en circunstancias violentas.

En un inicio, el padre de Heidy acudió a la Comisaría de Chilca acompañado por Abel Chilipo Damián para reconocer el cadáver. Sin embargo, durante el procedimiento los agentes advirtieron contradicciones y un comportamiento que despertó sospechas. Fue separado para ser interrogado y terminó confesando el feminicidio. Mientras avanzaban las diligencias, la Policía reconstruyó el recorrido realizado por el detenido, quien volvió a caminar por la vivienda donde ocurrió el asesinato y por la playa donde confesó haber desmembrado el cuerpo.

Caso de Lizbeth Peña Lázaro. (Fuente: América TV)

Antes de que el mar devolviera sus restos, Heidy Lizbeth Peña Lázaro ya había intentado pedir ayuda. A través de audios enviados a su hermano, quien reside en España, la joven relataba la pesadilla que vivía junto a Abel Antonio Chilipo Damián. Detrás de su carácter alegre y trabajador, cargaba el peso de una convivencia que se había vuelto insoportable desde que decidió poner fin a la relación. Aunque ya estaban separados, ambos seguían viviendo en la misma vivienda por sus dos hijos, una decisión que terminó convirtiéndose en un tormento. Según contaron sus familiares, Abel no aceptaba que la relación hubiera terminado. Los celos se transformaron en un constante control sobre cada uno de sus movimientos: la vigilaba, la hostigaba y la amenazaba porque no concebía que ella intentara rehacer su vida.

Las investigaciones establecieron que Heidy había sido reportada como desaparecida días antes del hallazgo de sus restos y que existían antecedentes de conflictos y presunta violencia previa entre la pareja, un contexto que ya había sido denunciado por la víctima. En uno de los mensajes que compartió con un familiar quedó reflejada la desesperación con la que enfrentaba esa situación. “Pero quiere estar acá viniendo y yo le dije normal como padres, pero conmigo ya no. Pero no acepta, no me deja salir, me quiere encerrar. Dice que me vaya de mi casa, hasta me quería denunciar, me quita la moto”, escribió Heidy, dejando en evidencia el ambiente de presión y temor en el que vivía.

Caso de Lizbeth Peña Lázaro. (Fuente: América TV)

Con el paso de los días, la angustia fue creciendo. En sus conversaciones con sus seres queridos confesaba la desesperanza que sentía al convivir con quien, según las investigaciones, terminaría arrebatándole la vida. Ese temor se hizo realidad cuando, en medio de una discusión dentro de la vivienda que compartían, Abel Antonio Chilipo Damián la atacó y acabó con su vida.

Caso de Lizbeth Peña Lázaro. (Fuente: América TV)

EL DOLOR QUE DEJÓ EL FEMINICIDIO

El féretro de Heidy recorrió los lugares donde solía caminar, escoltado por música de banda y por quienes acudieron a darle el último adiós. Entre fotografías que evocaban los momentos compartidos, sus restos fueron velados por familiares y amigos. Su padre, con profundo dolor, recordó a la hija que ya no volvería a abrazar. El mismo mar que a ella le gustaba pasear terminó devolviendo sus restos, cerrando de la manera más cruel una búsqueda marcada por la incertidumbre.

El crimen causó conmoción en la provincia de Cañete y reavivó la preocupación por la violencia contra las mujeres. Según la asociación Familias Unidas por Justicia: Familiares de Víctimas de Feminicidios, Heidy se convirtió en la víctima número 69 de feminicidio registrada en el país durante ese año. Tras la detención del confeso autor, la Fiscalía continúa el proceso por el delito de feminicidio, cuya sanción podría alcanzar la cadena perpetua dependiendo de los agravantes del caso.

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