Las abejas son capaces de reconocer rostros humanos. Foto: IStock Pese a tener un cerebro de apenas un milímetro y cerca de un millón de neuronas, las abejas melíferas pueden aprender a identificar caras humanas. Así lo demostró un estudio publicado en la revista Journal of Experimental Biology, que desafió ideas tradicionales sobre la inteligencia animal al mostrar que estos insectos distinguen personas mediante fotografías y retienen ese aprendizaje durante varios días. Hasta hace unas décadas, esa habilidad se atribuía casi exclusivamente a mamíferos y aves con sistemas nerviosos mucho más complejos. La capacidad de reconocer rostros suele considerarse una destreza compleja vinculada a cerebros grandes y regiones especializadas, como ocurre en los humanos. Sin embargo, diversos experimentos confirmaron que las abejas, con cerebros diminutos, distinguen caras a partir de patrones visuales. La investigación principal, realizada en 2005, empleó fotografías de pruebas de reconocimiento facial diseñadas para estudios de psicología humana. Los científicos asociaron una imagen específica con una recompensa de agua azucarada, mientras que las demás se vincularon con una solución de quinina de sabor amargo. Tras varias sesiones, las abejas aprendieron a dirigirse hacia la cara correcta y evitar las otras. En pruebas sin recompensa, los insectos continuaron seleccionando la imagen entrenada con una precisión superior al 80%, lo que confirmó que no seguían rastros de olor, sino que realmente diferenciaban patrones visuales. lr.pe

Qué revela este hallazgo sobre la inteligencia y el tamaño del cerebro de las abejas

El cerebro de una abeja contiene alrededor de 960.000 neuronas, una cifra muy pequeña frente a las aproximadamente 86.000 millones presentes en el cerebro humano. A pesar de esa diferencia, los estudios indican que circuitos neuronales reducidos pueden resolver tareas visuales complejas mediante mecanismos de aprendizaje general. Para la comunidad científica, estos descubrimientos aportan nuevas pistas sobre la evolución de la inteligencia y abren posibilidades para desarrollar sistemas de reconocimiento artificial que funcionen con recursos computacionales limitados.

Los resultados también revelaron que las abejas conservaban la información aprendida durante al menos dos días. Además, mantenían la capacidad de identificar la cara objetivo cuando los científicos cambiaban la posición de las fotografías en el panel de pruebas. Un estudio posterior, publicado en 2010, profundizó en el mecanismo utilizado por estos insectos. Los ensayos mostraron que las abejas no memorizaban elementos aislados, sino la disposición espacial entre ojos, nariz y boca. Cuando los investigadores alteraban esa configuración, los animales dejaban de reconocer la imagen, lo que evidenció un sistema de procesamiento basado en las relaciones entre las distintas partes del rostro.

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