El exministro castillista Walter Ayala, quien renunció a la cartera de Defensa en medio del escándalo por el manoseo a los ascensos en las Fuerzas Armadas, ha presentado un recurso de amparo para dejar sin efecto la votación de miles de peruanos en el exterior. ¿La razón? Que muchos compatriotas migrantes optaron masivamente por Keiko Fujimori. La petición, según el análisis, es tan absurda como si Fuerza Popular exigiera anular el sufragio de la región Puno porque no dejaron ingresar a sus personeros a algunos centros de votación, justo donde el partido naranja obtuvo los peores resultados a nivel nacional.

Desde que el voto de los peruanos en el exterior les fue desfavorable, desde Juntos por el Perú y sus aliados han surgido propuestas de todo tipo. Incluso se ha planteado impedir el sufragio de quienes tienen más de diez años fuera del país. Resulta curioso que nadie dijera nada cuando, desde Estados Unidos o cualquier país capitalista, ciertos compatriotas llamaban a votar por comunistas como Pedro Castillo o Roberto Sánchez a través de redes sociales o movilizaciones callejeras. En ese entonces, sí eran peruanos valiosos. ¿Acaso por eso dejan de ser peruanos? La petición de Ayala es tan descabellada que merece una sonora carcajada, según el argumento más ridículo de la izquierda para desconocer la derrota electoral.

Cuando Piero Corvetto —denunciado penalmente por el Jurado Nacional de Elecciones (JNE)— tuvo que dejar su cargo, los ahora reclamantes callaron porque el balotaje se les presentaba como un camino allanado. Lejos de quejarse en ese momento, hoy Juntos por el Perú y sus aliados demuestran tener muy poca sangre en la cara y una desesperación que nace de haber perdido una elección limpia y sin mayor cuestionamiento, a diferencia de lo ocurrido en la primera vuelta. En lugar de presentar recursos papelucheros para dilatar la proclamación de Fujimori como ganadora —tal como lo señalan las urnas—, deberían asumir la responsabilidad por los desmanes que puedan producirse en las próximas horas en las marchas que convocan en Lima y muchas regiones del país. Con reclamos absurdos que saben que serán rechazados, están engañando a la gente y generando una frustración que podría manifestarse de la peor manera.

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