Las muestras revelan el material genético de más de 200 grupos de plantas y animales, incluidos mamuts y bisontes.

Un equipo de investigadores logró extraer ADN entre los más antiguos gracias al hallazgo de excrementos fosilizados de ardillas conservados durante cientos de miles de años en el permafrost del Yukón, en Canadá. El estudio de los restos es clave para comprender cómo eran los ecosistemas del Ártico en un pasado remoto.
Las muestras proceden de antiguos túneles subterráneos ubicados en la región minera de Klondike. Algunas tienen una antigüedad cercana a los 700.000 años y conservaron material genético con un nivel de detalle que sorprendió a la comunidad científica. La investigación publicado en Nature permite reconstruir la flora y fauna que existieron antes de las grandes transformaciones climáticas que moldearon el norte del planeta.
¿Qué conservaban las heces de ardilla?
Los especialistas analizaron el denominado ADN ambiental presente en los coprolitos, nombre que reciben las heces fosilizadas. A partir de este material identificaron rastros de más de 200 grupos de plantas y de numerosos animales que habitaron el Ártico hace cientos de miles de años.

Un antiguo nido de ardilla terrestre ártica hallado en Lower Hunker Creek, Yukón. Foto: Duane Froese
Entre las especies detectadas aparecen mamuts, bisontes esteparios, caballos, lobos y grandes felinos. Según los autores, estos animales actuaron como auténticas archivistas naturales. Estos roedores almacenaban semillas, restos vegetales y otros alimentos en sus madrigueras, lo que permitió que una gran cantidad de información genética quedara atrapada bajo tierra.
Con el paso del tiempo, algunos de esos sistemas de túneles quedaron sellados por el permafrost. Ese proceso favoreció una conservación extraordinaria del material y transformó las madrigueras en verdaderas cápsulas del tiempo.
Una antigua línea de ardillas desconocida
Los investigadores reconstruyeron más de 18 genomas mitocondriales completos a partir de las muestras. Gracias a ese trabajo descubrieron una antigua línea evolutiva de ardillas terrestres que había permanecido desconocida para la ciencia.
Hasta ahora, los expertos creían que las ardillas fósiles de esa época pertenecían a la misma especie que vive actualmente en la región. Sin embargo, el ADN mostró la existencia de un linaje más antiguo cuyos parientes vivos más cercanos habitan en Siberia.
"Esta investigación demuestra que los excrementos de las ardillas conservan instantáneas genéticas extraordinariamente diversas", afirmó Hendrik Poinar, genetista evolutivo de la Universidad McMaster y coautor del estudio. Los científicos consideran que estos restos congelados podrían convertirse en una nueva fuente clave para estudiar la evolución y los efectos de los cambios climáticos del pasado.
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