Un equipo de investigadores logró extraer ADN de los más antiguos jamás recuperados a partir de excrementos fosilizados de ardillas, conservados durante cientos de miles de años en el permafrost del Yukón, en Canadá. El hallazgo es clave para comprender cómo eran los ecosistemas del Ártico en un pasado remoto.

Un fragmento de excremento fosilizado de ardilla terrestre descubierta en Yukon, Canada. Foto: Scott Cocker

Las muestras provienen de antiguos túneles subterráneos ubicados en la región minera de Klondike. Algunas tienen una antigüedad cercana a los 700.000 años y conservaron material genético con un nivel de detalle que sorprendió a la comunidad científica. La investigación, publicada en Nature, permite reconstruir la flora y fauna que existieron antes de las grandes transformaciones climáticas que moldearon el norte del planeta.

Los especialistas analizaron el denominado ADN ambiental presente en los coprolitos, nombre que reciben las heces fosilizadas. A partir de este material identificaron rastros de más de 200 grupos de plantas y de numerosos animales que habitaron el Ártico hace cientos de miles de años.

Un antiguo nido de ardilla terrestre ártica hallado en Lower Hunker Creek, Yukón. Foto: Duane Froese

Entre las especies detectadas aparecen mamuts, bisontes esteparios, caballos, lobos y grandes felinos. Según los autores, estos animales actuaron como auténticas archivistas naturales. Estos roedores almacenaban semillas, restos vegetales y otros alimentos en sus madrigueras, lo que permitió que una gran cantidad de información genética quedara atrapada bajo tierra.

El permafrost selló algunos de esos túneles con el tiempo, lo que permitió una conservación excepcional del material y convirtió las madrigueras en auténticas cápsulas del tiempo.

Un linaje de ardillas desconocido hasta ahora

A partir de las muestras, los investigadores lograron reconstruir más de 18 genomas mitocondriales completos. Este trabajo reveló una antigua línea evolutiva de ardillas terrestres que era desconocida para la ciencia.

Hasta el momento, los especialistas pensaban que las ardillas fósiles de esa época correspondían a la misma especie que hoy habita la zona. No obstante, el ADN evidenció un linaje más antiguo, cuyos parientes vivos más cercanos se encuentran en Siberia.

“Esta investigación demuestra que los excrementos de las ardillas conservan instantáneas genéticas extraordinariamente diversas”, señaló Hendrik Poinar, genetista evolutivo de la Universidad McMaster y coautor del estudio. Los científicos creen que estos restos congelados podrían ser una nueva fuente clave para investigar la evolución y los impactos de los cambios climáticos del pasado.

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