El inminente triunfo de Keiko Fujimori deja algunas elecciones que deberían servir para ejecutar políticas públicas educativas que, todo indica, no se están realizando con idoneidad.

Al parecer, el curso de historia del Perú a nivel de primaria y secundaria está fracasando ostensiblemente. Aunque no es la única razón del voto juvenil hacia Juntos para el Perú, es evidente que muchos jóvenes de entre 18 y 30 años no tienen una concepción clara de lo que significó el terrorismo de los 80 de Sendero Luminoso y el MRTA, su impronta destructiva y su política de secuestros, coches-bomba y asesinatos.

No es posible que este indispensable conocimiento de lo que fueron estos oscuros años de un país sitiado por hordas inmisericordes y genocidas esté virtualmente soslayado en la currícula educativa y haya carecido de las horas de adiestramiento y recordación crítica que un capítulo tan nefasto merece.

No es posible, repetimos, que una cantidad incomprensible de peruanos haya preferido el “Keiko no va” en vez del “Terrorismo nunca más” y que en el colmo de la irresponsabilidad, el fujimorismo haya representado, para estos votantes un peligro mayor al del partido que alberga a Iber Maraví, César Tito Rojas, Moisés Chipana y Lucio Ccallo Ccallata, todos vinculados al Movadef y con evidentes simpatías con Sendero Luminoso. No se puede odiar más a Alberto Fujimori que a Abimael Guzmán.

El estudio de lo que fueron Sendero y el MRTA podría ser, incluso, un curso exclusivo como se ha debatido en España, con el ETA, y su Memoria y Prevención del Terrorismo. La próxima nueva gestión del Ministerio de Educación debería plantearse seriamente la inclusión de esta materia.

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