En este Día del Padre, surge una transformación silenciosa pero revolucionaria: el papel de los hombres dentro del hogar. Aunque el cambio del rol femenino en la sociedad ha sido ampliamente debatido, la evolución paralela de la paternidad ha recibido menos atención. Hoy, cada vez más padres cocinan, hacen las compras, cambian pañales, llevan a los hijos al colegio, preparan loncheras y se quedan al cuidado de los niños mientras la esposa trabaja fuera de casa.

Este fenómeno no solo implica realizar tareas que antes muchos hombres desconocían, sino también aceptar un rol familiar distinto, mucho más cercano y participativo. Vale la pena recordar que, hace algunos años, en el Perú era común usar la expresión “saco largo” como un insulto entre hombres, haciendo referencia al mandil de cocina que se utilizaba para las labores domésticas. Se mostraba eso como una pérdida de masculinidad.

Hoy ocurre lo contrario, especialmente entre los jóvenes. Saber cocinar se ha convertido casi en un motivo de orgullo masculino. Ya no se trata solo de hacer parrillas los domingos —que era quizás lo único permitido para el macho tradicional—, sino que ahora preparan platos sofisticados, ven recetas, comparan ingredientes y hasta compiten por ser el mejor cocinero de la familia. Eso revela algo muy importante, paisano o paisana.

El padre continúa saliendo a trabajar, buscando ingresos y enfrentando las mismas presiones laborales, pero lo verdaderamente nuevo está ocurriendo puertas adentro. Asumir estas responsabilidades significa aceptar un rol familiar distinto, mucho más cercano y participativo, marcando un cambio profundo en la dinámica del hogar peruano.

La sociedad puede contribuir a ese cambio, pues un hombre que cocina o cuida a sus hijos no es menos hombre. Al contrario, suele ser más seguro de sí mismo y no necesita demostrar su masculinidad rechazando tareas consideradas femeninas; se siente lo suficientemente seguro para asumirlas sin complejos. Sin embargo, persisten preguntas: ¿por qué casi todos los productos del hogar siguen pensados solo para mujeres? ¿Por qué no promover recetarios de cocina dirigidos también a los hombres? ¿Por qué no diseñar mochilas para pañales, coches de bebé o accesorios familiares con estilos deportivos o masculinos? Incluso productos cotidianos como detergentes o utensilios podrían considerar a estos nuevos papás.

Quizás este Día del Padre sea una buena oportunidad para reconocer ese cambio positivo, porque un buen regalo ya no tiene que ser solamente una corbata —que, dicho sea de paso, se usa cada vez menos—. También puede ser algo que acompañe a ese padre más cercano, más activo y comprometido con su familia. Feliz día a todos los papás.

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