La historia de Aymen Hussein en el Mundial 2026 combina una odisea migratoria en Estados Unidos con un rendimiento estelar que ha devuelto la ilusión a Irak. El delantero, figura de la selección iraquí, marcó ante Noruega el primer gol de su país tras 40 años de ausencia en la Copa del Mundo. Su fortaleza mental, forjada en la adversidad, transformó la humillación vivida en el aeropuerto en un motor de superación que ahora resuena en los estadios.
Nacido el 22 de marzo de 1996 en Kirkuk, Aymen Hussein Ghadhban es hoy un referente de 30 años. Su presencia física —1,89 m de estatura— y su olfato goleador definen el ataque de su selección. Su resiliencia tiene raíces profundas: su padre, oficial del ejército iraquí, fue asesinado en 2008 por militantes de Al Qaeda, un suceso que marcó su infancia y lo obligó a madurar en un entorno de conflicto.
Tras asegurar la clasificación de Irak al Mundial 2026 —la primera en 40 años— mediante un agónico triunfo ante Bolivia en el repechaje, la llegada del equipo a Estados Unidos estuvo marcada por un incidente polémico. A su arribo a Chicago, Hussein fue retenido por las autoridades migratorias durante siete horas, una experiencia que el propio jugador calificó como “humillante” e “intimidatoria”. Junto a él, el fotógrafo oficial de la federación también fue retenido, pero, a diferencia del futbolista, no pudo acompañar al país.
Este suceso generó profunda indignación en Irak y abrió un intenso debate sobre la logística y el trato a las delegaciones internacionales en esta Copa del Mundo. Sin embargo, Hussein respondió en la cancha: su gol histórico ante Noruega no solo rompió una sequía de cuatro décadas, sino que convirtió su calvario migratorio en el capítulo más inspirador del torneo.
Con 92 presentaciones y 33 goles con su selección, Aymen Hussein ha construido una carrera que incluye clubes de Iraq (Al-Naft, Al-Shorta y su actual equipo, Al-Karma), Qatar (Al-Wakrah, Al-Khor), un breve paso por Marruecos (Raja Casablanca) y Túnez (CS Sfaxien). Pese a la tragedia que marcó su vida, canalizó esa energía en el fútbol profesional.
En el debut de Irak ante Noruega por el Grupo I, el delantero respondió en la cancha a los problemas extradeportivos. Al minuto 38, tras una gran incursión de Amir Al-Ammari por la banda izquierda, Hussein se elevó dentro del área para conectar un preciso remate de cabeza que igualó transitoriamente el marcador. Fue el primer gol de su selección en esta edición del torneo.
Ese tanto no solo confirmó su vigencia goleadora, sino que reafirmó el estatus de un jugador que, tras romper la sequía mundialista en el repechaje, se consolida hoy como un auténtico héroe nacional que se niega a que cualquier contratiempo externo eclipse su pasión por el gol.
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