Un equipo de investigadores chinos de la Facultad de Ingeniería Biomédica y del Centro de Estudios de Microplásticos Ambientales, en Guangdong, ha dado a conocer un método de tres pasos para reducir la presencia de micro y nanoplásticos (MNP) en el agua. La propuesta, publicada en la revista científica Environmental Science & Technology Letters, consiste en hervir el agua del grifo, dejarla enfriar y luego colarla. Según el biomédico Zimin Yu, de la Universidad Médica de Guangzhou, este proceso permite eliminar al menos el 80% de los MNP de poliestireno, polietileno y polipropileno.

La contaminación del agua con microplásticos representa un grave peligro para el cuerpo humano. Un estudio canadiense publicado en Environmental Science & Technology evidenció que beber agua embotellada provoca una ingesta de 90.000 microplásticos, mientras que el agua de grifo solo 4.000. National Geographic advierte que, una vez dentro del organismo, estos contaminantes se acumulan en los tejidos e interfieren con su equilibrio. Por ello, diversas investigaciones buscan acciones para reducir su presencia.

Las botellas de vidrio y acero inoxidable son las mejores opciones para el uso diario. Foto: IA/La República.

Al elegir botellas para beber, las de acero inoxidable son las más recomendadas. Son seguras y prácticas, mientras que el plástico no ofrece beneficios y genera un alto impacto ambiental.

Entre las opciones de botellas reutilizables, las de acero inoxidable (metal) se posicionan como la mejor alternativa para el uso diario. Destacan por su portabilidad, resistencia a roturas y, si son de grado alimentario y están certificadas, no liberan sustancias en el agua. Las agencias de seguridad alimentaria no las consideran un riesgo relevante cuando se encuentran en buen estado. En contraste, las botellas de plástico quedan descartadas no solo por los riesgos para la salud expuestos previamente, sino también por su impacto ambiental. Según el Instituto Geológico y Minero, en 2022 se batió el récord histórico con 8.700 millones de litros de agua envasada, lo que incrementa la generación de envases plásticos que terminan como desechos.

Aunque no existe un criterio oficial universal ni una “mejor” botella para todos los casos, la evidencia técnica de entidades como la Organización Mundial de la Salud (OMS), la FDA de Estados Unidos y agencias europeas de seguridad alimentaria permite comparar riesgos y ventajas. Las botellas de vidrio son consideradas la opción más “inerte” químicamente: no liberan sustancias, no retienen olores y se higienizan con facilidad. Por ello se recomiendan en entornos domésticos o de oficina donde no haya riesgo de caídas. Precisamente, su fragilidad es su mayor desventaja, más como un factor externo que como un problema directo del material.

Leer artículo completo en larepublica.pe →