En octubre los peruanos volverán a las urnas para elegir a gobernadores regionales, consejeros, alcaldes provinciales y distritales, y regidores. Las nuevas autoridades asumirán funciones el 1 de enero de 2027, cuando ya se espera que los efectos del fenómeno El Niño —que según los expertos serán intensos y devastadores, quizá comparables a los de 1997 y 1998— estén golpeando con fuerza. Esa coincidencia temporal convierte a estos comicios en una decisión crucial: no se trata solo de escoger nombres, sino de evitar que lleguen al poder improvisados o personas de "uñas largas" que busquen aprovechar los estados de emergencia para "llenarse los bolsillos".

La advertencia es clara: hay que tener "mucho cuidado" con candidatos de partidos de dudosa reputación, con aquellos que ya estuvieron en la función pública y "salieron por la puerta falsa por ineptos o ladrones", y con quienes llaman la atención "por gritar, bailar, regalar gorritos y llaveros, insultar u ofrecer obras faraónicas" que no podrían ejecutar ni con un presupuesto veinte veces mayor al que tendrán. Si la ciudadanía vuelve a elegir mal, como ha ocurrido tantas veces, no debería quejarse luego de que sus autoridades sean una nulidad en medio de una emergencia como la que se anuncia. "Es momento de votar con seriedad, o en todo caso estar dispuestos a asumir callados la responsabilidad", se advierte. Con tantos años de "saltos al vacío", ya deberíamos haber aprendido la lección.

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