Imaginar un Mundial sin Brasil es un ejercicio majadero para quienes venimos observando durante décadas. Es cierto que desde hace algún tiempo atraviesa una coyuntura extraña, una que parece desentonar con el lugar que históricamente ha ocupado en este deporte. Sin embargo, permanece la sensación de que siempre debe estar ahí.
Brasil forma parte de la idea misma que tenemos de una Copa del Mundo. Incluso sus derrotas ocupan capítulos memorables en la historia del fútbol. Y hoy, esa mezcla de grandeza y vulnerabilidad encuentra su reflejo más evidente en la mayor de sus figuras: Neymar.
Señalado durante años como el heredero natural de Messi y Cristiano Ronaldo, tenía todo para serlo: talento, carisma, irreverencia y espectáculo. Pero el fútbol también castiga. Lesiones, malas decisiones y una carrera irregular lo alejaron del trono que parecía reservado para él.
Y tal vez por eso resulta tan interesante este momento. Porque Brasil y Neymar llegan pareciéndose demasiado. Ambos cargan una historia gigantesca conservan una calidad indiscutible, pero también conviven con una fragilidad que antes no tenían. La emoción que hoy los define ya no es la certeza, sino la expectativa.
Brasil continúa siendo Brasil incluso cuando deja de parecerlo del todo. Con Neymar ocurre algo parecido. El hecho de que Ancelotti lo haya convocado sin estar en plenitud física explica el vínculo emocional que todavía existe alrededor de su figura. Cuándo y cuánto podrá jugar es una incógnita, pero Brasil parece necesitarlo desde esa incertidumbre, como si su presencia permitiera sostener la ilusión de recuperar lo perdido.
Al frente estará Marruecos, que representa el nuevo rostro del fútbol: moderno, físico, disciplinado y cada vez menos impresionable por las viejas jerarquías.
Pero si bien el fútbol cambió, lo que la gente busca en él no cambia del todo. Los mundiales siguen necesitando héroes. Tal vez porque el fútbol, incluso en su evolución más táctica y calculada, sigue dependiendo de algo profundamente humano: la necesidad de creer que alguien puede cambiarlo todo en el instante exacto.
Brasil espera que ese alguien todavía sea Neymar. Y algunos esperan que ese equipo siga siendo Brasil.
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