
Un grupo de científicos logró identificar el mecanismo mediante el cual una sustancia química persistente, presente en el ambiente y conocida como químico eterno, podría afectar el desarrollo fetal y aumentar el riesgo de defectos de nacimiento. El hallazgo aporta nuevas evidencias sobre los posibles efectos de ciertos compuestos PFAS, una familia de sustancias ampliamente utilizadas en productos industriales y de consumo.
El estudio, publicado en la revista científica ACS Chemical Research in Toxicology, se centró en el ácido perfluorodecanoico (PFDA), uno de los compuestos detectados con frecuencia en el medio ambiente. Los resultados sugieren que esta sustancia puede interferir en procesos biológicos esenciales durante el embarazo, alterando la formación normal de la cabeza y el rostro del feto.
El PFDA altera una molécula clave para el desarrollo fetal
Los investigadores de la Universidad de Colorado Anschutz analizaron 13 compuestos PFAS y descubrieron que el PFDA presentaba el mayor potencial para afectar el desarrollo craneofacial. Según el estudio, este químico modifica el funcionamiento del ácido retinoico, una molécula derivada de la vitamina A que regula la actividad de cientos de genes durante las primeras etapas del embarazo.
El ácido retinoico desempeña un papel fundamental en la formación de estructuras como el rostro, la mandíbula y otras partes de la cabeza. Sin embargo, su concentración debe mantenerse dentro de niveles muy precisos. Los científicos encontraron que el PFDA bloquea la enzima CYP26A1, encargada de eliminar el exceso de ácido retinoico, lo que provoca una acumulación que puede alterar el desarrollo embrionario.
Un doble efecto que podría aumentar el riesgo de anomalías faciales
Además de impedir que el organismo elimine adecuadamente el exceso de ácido retinoico, el PFDA también reduce la actividad de los genes responsables de producir la enzima CYP26A1. Los investigadores describen este fenómeno como un "doble ataque", ya que afecta simultáneamente dos mecanismos que ayudan a mantener el equilibrio necesario para el desarrollo fetal saludable.
Como consecuencia, podrían producirse anomalías craneofaciales graves, entre ellas alteraciones en la mandíbula y problemas en el desarrollo de los ojos. Aunque los expertos aclaran que el riesgo depende del nivel de exposición y que no todos los PFAS presentan la misma toxicidad, consideran que este descubrimiento permitirá identificar con mayor precisión cuáles de los aproximadamente 15.000 compuestos PFAS representan una amenaza más significativa para la salud humana, especialmente durante el embarazo.
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