El gobierno de la presidenta Keiko Fujimori ha cumplido 100 días, plazo que los usos y costumbres dan a la llamada “luna de miel” de todo gobierno que empieza funciones. Como hemos señalado ayer en Correo Lima, la naciente administración fujimorista ha tenido luces y sombras. Las expectativas en la población eran muy grandes en medio de tantos problemas que vienen de décadas. De hecho, muchas cosas han podido y pueden hacerse mejor, empezando por la conformación del gabinete.

Sin duda hay margen para ser crítico, pues se creía que tras 15 años de tratar de ser gobierno, Fujimori tendría la gente y los planes listos para ser puestos en marcha. No ha sido así. Sin embargo, lo que resulta chocante y hasta indignante es ver la facilidad con que la izquierda radical, experta en hundir países a nivel mundial y en haber fracasado cuando llegó al poder de la mano de un sinvergüenza e inepto como Pedro Castillo, venga a dárselas de cuestionadora y a exponer “recetas” de cómo solucionar las dificultades.

El actual gobierno, con sus altos y bajos, es sin duda mil veces mejor de lo que nos pudo suceder en caso tuviéramos hoy en Palacio de Gobierno a Roberto Sánchez al lado de Antauro Humala –al que le quería encargar la lucha contra la criminalidad–, de los terroristas reciclados del Movadef, y de todos esos que piden eficiencia al Poder Ejecutivo, pero que reivindican a Castillo y a sus ministros, entre ellos uno que promocionaba “aguas mágicas” para mejorar la salud y otro que había estado dos veces preso por asesinato.

Hoy existe un gabinete mejorable, pero con Juntos por el Perú en el poder quizá tendríamos como premier a Íber Maraví, a Catherine Palomino de ministra de Justicia y Derechos Humanos; a José Mercedes Castillo como titular de Educación; a Humberto Morales en Defensa; a Yenifer Paredes en Energía y Minas; a Julián Pérez Mallqui en Mujer y Poblaciones Vulnerables; y en Transportes y Comunicaciones, para que maneje sus millonarios presupuestos, a un émulo del castillista prófugo Juan Silva Villegas.

Estos son los críticos que viven del recuerdo de los delitos y errores del fujimorismo de hace dos décadas y media, pero que tienen sobre un pedestal a Castillo, quien pretendió instaurar una dictadura pestilente de no haber sido porque las instituciones y la democracia reaccionaron en contra de un aprendiz de tirano que además quiso imponer una Constitución a su medida junto a tristes personajes como Betssy Chávez y Aníbal Torres. ¿Esta es la gente que acusa a Keiko Fujimori de “autoritaria”? Parece una broma de mal gusto.

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