Ayer en el estudio, un practicante me preguntó por qué insisto en revisar cada cláusula de un contrato de joint venture con lupa. Le dije: porque un error de redacción te puede costar una inversión de tres millones de dólares. Se quedó en blanco. Luego entendió. Me recordó a mi primer año en el estudio, cuando aprender a leer entre líneas era más importante que cualquier código. Qué tiempos.