Antes de las luces, los festivales y de convertirse en Homero, Juan Manuel Fernández vivía en el cuarto piso de un complejo habitacional en el Cercado de Lima. Solía subir hasta la azotea, pararse en una esquina, abrir los brazos y mirar al frente. No había nadie. Pero él imaginaba un público.
“Ahí está el público que un día me va a escuchar”, se decía. Y cantaba tan fuerte que los vecinos ya reconocían la escena. “Ya está cantando Juanito”, comentaban.
Juanito era un muchacho que aún no sabía cuándo ni de qué manera llegaría su oportunidad, pero estaba convencido de que algún día alguien lo escucharía. Y así fue. Aquel público que imaginaba desde la azotea comenzó a multiplicarse, primero en escenarios locales y luego fuera del país.
Otra primera vez
En 1978 hizo historia en Viña del Mar y ese mismo año participó en la VII edición del Festival de la OTI. Tres años después llegó al Festival de Benidorm, en España, y en 1983 compitió en el Festival Mundial Yamaha, en Tokio, donde fue distinguido como mejor intérprete.
El 23 de octubre llegará a Italia para competir en el Festival de San Remo Senior, certamen internacional dirigido a intérpretes y compositores mayores de 34 años y abierto a participantes de diferentes países. Perú tendrá por primera vez un representante.
“Estoy muy contento y, sobre todo, porque es algo bueno para el país. Es presencia internacional y también una puerta para que después puedan ir otros intérpretes”, destaca.
Esta vez la oportunidad llegó de la mano del compositor peruano Miguel Ángel Romero, quien le habló del Festival de San Remo Senior y le propuso grabar una canción. La enviaron, esperaron y, finalmente, fueron seleccionados.
La distancia
La canción elegida fue “Rodrigo”, una balada con pinceladas andinas y un aire cercano a la saya y a los ritmos del altiplano. Pero detrás de esa sonoridad hay una historia profundamente íntima. Rodrigo es el hijo de Romero, vive en España y fue precisamente la distancia entre ambos la que inspiró la letra.
Homero no tuvo que esforzarse demasiado para conectar con ella. Su único hijo vive en México.
“Las distancias a veces son crueles, porque uno quisiera tener cerca a un familiar en determinado momento y no es posible”, reconoce.

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