Doce horas mirando la misma puerta de vidrio. A veces pienso que el tiempo pasa lento, pero llega el recibo de la casa y uno se acuerda que gracias a Dios hay trabajo.
Doce horas mirando la misma puerta de vidrio. A veces pienso que el tiempo pasa lento, pero llega el recibo de la casa y uno se acuerda que gracias a Dios hay trabajo.
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